La parada es la respuesta defensiva fundamental ante un ataque en esgrima. A diferencia de lo que se podría imaginar, no consiste en oponer resistencia con fuerza, sino en realizar un movimiento preciso y oportuno con la hoja propia para interceptar y desviar la hoja del adversario. Una buena parada requiere anticipación, lectura del ataque y un control exquisito de la distancia y el momento exacto de intervención.
El principio mecánico de la parada se basa en el contacto entre las dos hojas. El tirador que se defiende desplaza su arma hacia la trayectoria del ataque entrante, de modo que la parte fuerte de su hoja, la zona más próxima a la guardia, entra en contacto con la parte débil de la hoja atacante, la zona más alejada de la guardia del rival. Esta diferencia de palanca permite controlar el arma rival con mínimo esfuerzo. Inmediatamente después de la parada exitosa, el tirador tiene derecho a ejecutar una respuesta o riposte.
La táctica de las paradas es uno de los aspectos más complejos y fascinantes de la esgrima. Los tiradores de alto nivel encadenan paradas y respuestas en combinaciones llamadas contra-ataques y contra-respuestas, creando frases de armas que pueden durar varios segundos. Dominar el repertorio de paradas y conocer el momento adecuado para usar cada una, o para ceder intencionadamente dejando pasar el ataque para contra-atacar, es lo que distingue a un tirador experto de uno iniciado.