El sable es el arma más cercana a la tradición de la caballería ligera y la esgrima de sable histórico. A diferencia del florete y la espada, que son armas de estoque puro donde solo cuenta la punta, en el sable el golpe con la hoja también es válido, lo que multiplica las posibilidades de ataque y da a los combates una velocidad y una explosividad espectaculares. Esta combinación de golpe de corte y punta con zona de puntuación amplia convierte el sable en el espectáculo más trepidante de la esgrima olímpica.
El arma sable es la más ligera de las tres, con un peso máximo de 500 gramos y una hoja flexible que en competición lleva un sistema eléctrico especial que cubre toda la superficie de corte. El traje de sable incorpora una chaqueta conductora que cubre todo el torso, los brazos y la máscara de protección, ya que estas zonas son puntuables. Esta amplitud de zona válida significa que cualquier movimiento de brazo puede marcar un punto, lo que exige a los tiradores una guardia activa y una respuesta defensiva muy rápida.
La táctica en sable gira en torno a la velocidad de arranque y la lectura de la prioridad. Desde la línea de guardia, los tiradores deben interpretar en fracciones de segundo quién tiene la prioridad en cada intercambio, ya que el árbitro tiene que decidir el punto entre acciones que pueden durar menos de medio segundo. Los mejores sablistas combinan velocidad explosiva con un dominio instintivo de la regla de prioridad, lanzando ataques que parecen simultáneos pero que comienzan un instante antes de la acción del rival, suficiente para ganar el punto.