El touché, palabra francesa que se traduce como «tocado», es la unidad de puntuación fundamental en la esgrima. Se produce cuando la punta o el filo del arma de un tirador contacta de forma válida con la zona reglamentaria del cuerpo del adversario. No basta con que exista contacto físico: el aparato eléctrico debe registrarlo y el árbitro debe confirmarlo como acción válida según las reglas del arma en disputa.
La validez de un touché depende de varios factores simultáneos. El primero es la zona de puntuación: en florete solo el tronco, en espada todo el cuerpo y en sable todo lo que quede por encima de la cintura, incluidos brazos y cabeza. El segundo factor es el tipo de golpe: en florete y espada solo puntúa la punta, mientras que en sable puntúan tanto la punta como los dos filos de la hoja. El tercer elemento es el derecho de ataque, que en florete y sable obliga al árbitro a analizar quién inició la acción para otorgar el punto al tirador correcto.
A lo largo de la historia, la determinación del touché dependía únicamente del ojo del árbitro y de los jueces laterales, lo que generaba frecuentes controversias. La introducción del sistema eléctrico en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 supuso una revolución al aportar objetividad. Sin embargo, incluso hoy la tecnología no elimina la interpretación humana: el árbitro sigue siendo indispensable para aplicar las reglas de prioridad y para distinguir una acción válida de una irregularidad técnica.