Eero Mäntyranta nació el 20 de noviembre de 1937 en Pello, en la Laponia finlandesa, en el seno de una familia que vivía en estrecho contacto con la nieve y el bosque del norte de Finlandia. Se convirtió en tricampeón olímpico en Innsbruck 1964 y uno de los mejores esquiadores de fondo de la historia, pero su legado trasciende los resultados deportivos: su caso generó uno de los debates más interesantes de la ciencia del deporte sobre los límites de la ventaja natural.
Crecimiento en la Laponia finlandesa
Mäntyranta creció en un entorno que propiciaba el esquí de fondo de manera natural: los largos inviernos lapones, la tradición familiar y comunitaria del deporte en el norte de Finlandia y la dureza de las condiciones de vida formaron a un atleta con una resistencia y una dureza mental excepcionales. Comenzó a competir en el circuito internacional a finales de los años 1950 y pronto demostró que tenía algo especial.
En los Juegos Olímpicos de Squaw Valley 1960, ganó dos medallas. Pero fue en Innsbruck 1964 donde su dominio se hizo legendario.
Innsbruck 1964: la actuación de su vida
En los Juegos de Innsbruck 1964, Mäntyranta ganó tres medallas de oro: en los 15 km, en los 30 km y en el relevo. Sus victorias en las pruebas individuales no fueron ajustadas: ganó con márgenes que asombraron a sus rivales y a los expertos. En el 15 km le sacó más de 40 segundos al segundo clasificado, una diferencia enorme en una carrera de élite.
Su ventaja fue tan llamativa que en aquel momento generó suspicacias. Sin embargo, en los años 1960 no había mecanismos de control antidopaje rigurosos y nadie pudo demostrar nada irregular.
El descubrimiento del gen EPO: un caso único en la medicina deportiva
Décadas después, en la década de 1990, los científicos realizaron estudios genéticos en la familia de Mäntyranta. Lo que encontraron fue extraordinario: una mutación en el gen del receptor de eritropoyetina (EPOR) que hacía que sus células respondieran de manera exagerada a la EPO natural del organismo, produciendo una cantidad mucho mayor de glóbulos rojos de lo habitual.
El resultado fisiológico era que Mäntyranta y muchos miembros de su familia tenían un hematocrito —el porcentaje de glóbulos rojos en la sangre— de entre el 50% y el 65%, frente al 40-45% normal. Más glóbulos rojos significa mayor transporte de oxígeno a los músculos, lo que en un deporte de resistencia como el esquí de fondo se traduce directamente en una ventaja de rendimiento enorme.
La mutación era hereditaria y completamente natural: no era el resultado de ninguna intervención médica ni de la ingesta de ninguna sustancia. Mäntyranta no hizo trampa en ningún sentido convencional.
El debate ético que nunca termina
El caso de Mäntyranta es hoy un clásico en los libros de ética deportiva y biología del deporte. Plantea una pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿es justo que alguien compita con una ventaja genética que le proporciona el equivalente fisiológico de una sustancia prohibida?
Los defensores de la posición de Mäntyranta argumentan que todas las ventajas genéticas son iguales: los brazos largos de Michael Phelps en natación, la altura de los jugadores de baloncesto o la extraordinaria capacidad pulmonar de algunos fondistas son ventajas naturales que nadie cuestiona. La mutación del gen EPOR no es diferente en principio.
Los críticos argumentan que el grado de ventaja es cualitativamente diferente, y que si EPO artificial está prohibida por producir ese efecto, una variante genética que produce el mismo efecto debería ser al menos regulada.
Un hombre tranquilo, un debate inmenso
Mäntyranta vivió sus últimos años en la Laponia finlandesa, relativamente alejado del debate que generaba su nombre en los círculos académicos y deportivos. Falleció el 29 de diciembre de 2013, a los 76 años. Fue un hombre de campo, cazador y esquiador toda su vida, ajeno a la controversia intelectual que su caso había generado. Su legado deportivo —siete medallas olímpicas, tres oros— y su legado científico —el caso más famoso de ventaja genética en el deporte— lo convierten en una figura única en la historia del atletismo mundial.