El esquí de fondo es uno de los deportes de resistencia más completos, con una exigencia cardiovascular y muscular comparable a la del ciclismo de alto nivel o la maratón. Tanto en su modalidad clásica como en la técnica de skate, el fondista trabaja de forma simultánea el tren superior e inferior durante horas, lo que genera un perfil de lesiones dominado por las sobrecargas crónicas. Las caídas también existen, pero son menos frecuentes y generalmente menos graves que en el esquí alpino.
Lesiones más frecuentes
Síndrome de pinzamiento del hombro. La propulsión con bastones en la técnica de skate y clásica solicita intensamente la musculatura del manguito rotador y los tejidos del espacio subacromial. La repetición de miles de ciclos por sesión puede inflamar estos tejidos y producir un dolor en la cara lateral del hombro que empeora al empujar el bastón.
Tendinitis rotuliana. Los descensos en esquí de fondo requieren una contracción excéntrica intensa del cuádriceps para controlar la velocidad. Esta demanda repetitiva sobre el tendón rotuliano puede provocar su inflamación y degeneración si no hay suficiente tiempo de recuperación entre sesiones.
Síndrome de la banda iliotibial. El movimiento repetitivo de flexo-extensión de la rodilla durante kilómetros de esquí puede generar una fricción de la banda iliotibial sobre el epicóndilo lateral del fémur, produciendo un dolor punzante en la cara externa de la rodilla que aparece durante el esfuerzo y puede obligar a detener la actividad.
Esguince de pulgar. Las caídas sobre la nieve con el bastón en la mano son el mecanismo más frecuente de esguince del ligamento colateral cubital del pulgar —también conocido como pulgar del esquiador. El bastón actúa como palanca y fuerza el pulgar en valgo durante la caída.
Fractura por estrés tibial. El alto volumen de entrenamiento en patines o en esquís sobre nieve firme puede generar microfracturas en la tibia que se manifiestan con dolor localizado que empeora con el esfuerzo y mejora con el reposo. Si no se identifican y tratan a tiempo, pueden progresar a fracturas completas.
Factores de riesgo
El volumen de entrenamiento excesivo o los aumentos bruscos de carga son el principal factor de riesgo para las lesiones por sobreuso en el esquí de fondo. Los atletas que incrementan el kilometraje semanal demasiado rápido, especialmente en la pretemporada, se exponen a fracturas por estrés y tendinopatías.
La técnica de poling deficiente, con un ángulo de bastón inadecuado o una acción de brazos asimétrica, distribuye las fuerzas de forma incorrecta sobre el hombro y puede acelerar la aparición del síndrome de pinzamiento.
Las condiciones de nieve muy dura o helada aumentan la exigencia muscular en los descensos y la probabilidad de caídas con impacto. El esquí de fondo en nieve de mala calidad requiere más esfuerzo muscular para mantener el control y la técnica correcta.
Cómo prevenirlas
El fortalecimiento de la musculatura del manguito rotador y de los estabilizadores escapulares mediante ejercicios de rotación externa e interna con banda elástica es fundamental para prevenir las lesiones de hombro en fondistas. Este trabajo debe integrarse en la rutina diaria de entrenamiento.
La planificación del volumen y la intensidad del entrenamiento siguiendo el principio de progresión gradual —no más de un diez por ciento de aumento semanal en el kilometraje— es la medida más eficaz para prevenir las fracturas por estrés y las tendinopatías.
El uso de bastones de la longitud adecuada para cada modalidad y el aprendizaje de la técnica de poling correcta con un entrenador cualificado reducen la carga sobre el hombro y mejoran la eficiencia del movimiento.
Recuperación
Las lesiones de hombro por sobreuso requieren una reducción del volumen de entrenamiento, fisioterapia enfocada en el fortalecimiento del manguito rotador y, en casos de pinzamiento severo, infiltración corticoidea guiada. Las tendinopatías rotulianas e iliotibiales responden bien a los protocolos de carga excéntrica progresiva y a la modificación de la técnica de descenso. Las fracturas por estrés tibiales obligan a un período de descarga completa de entre seis y doce semanas, seguido de una reincorporación gradual al entrenamiento sobre nieve o rodillo.