En el esquí freestyle, hay deportes que se deciden en la línea de meta (el ski cross no tiene este problema) y deportes que se deciden en la cabeza de los jueces. El halfpipe, el slopestyle, el moguls, los aerials y el big air dependen de un panel de personas que evalúan actuaciones complejas en cuestión de segundos. Inevitablemente, la subjetividad entra en juego, y con ella la controversia.
Por qué el freestyle necesita jueces
Las disciplinas juzgadas del freestyle son demasiado complejas para ser evaluadas objetivamente solo con cronómetros o sensores. Un halfpipe run de 25 segundos puede contener entre 5 y 7 trucos distintos, cada uno con su propia dificultad, ejecución y variedad. Un slopestyle run incluye rails, kickers y saltos con trucos radicalmente diferentes. ¿Cómo se compara objetivamente un atleta que hace trucos muy difíciles pero con ejecución imperfecta con uno que hace trucos más sencillos pero perfectamente ejecutados?
Los jueces son el puente entre la complejidad del deporte y la puntuación que determina un ganador. Pero ese puente tiene debilidades.
Los problemas estructurales del sistema
Variabilidad entre jueces: aunque el sistema elimina la nota más alta y la más baja del panel para reducir el impacto de las puntuaciones extremas, la variabilidad entre los jueces restantes puede ser significativa. Diferencias de 5-10 puntos en una escala de 100 entre jueces del mismo panel no son infrecuentes en disciplinas como el halfpipe.
Sesgo de la novedad: los trucos que un juez no ha visto antes son difíciles de valorar correctamente. El caso más famoso es el Dinner Roll de Jonny Moseley en los Juegos de Salt Lake City 2002: un truco técnicamente innovador que fue penalizado porque los jueces no tenían criterios para evaluarlo. A raíz de ese episodio, la FIS actualizó sus tablas de valoración, pero el problema de fondo (que la innovación técnica siempre va por delante de los criterios de evaluación) persiste.
Sesgo de la expectativa: hay evidencia anecdótica de que los atletas favoritos o con mayor reputación tienden a recibir puntuaciones ligeramente más altas que atletas menos conocidos con actuaciones de calidad similar. Este sesgo es difícil de demostrar estadísticamente pero es una preocupación recurrente en la comunidad del freestyle.
El problema del orden de actuación: en muchas disciplinas, los jueces ajustan sus puntuaciones en función de las actuaciones anteriores. Si los primeros atletas reciben puntuaciones altas, el margen para puntuar bien a los últimos se reduce. Si los primeros reciben puntuaciones bajas, los últimos tienen más margen. El orden de actuación en la final puede ser decisivo.
Las polémicas más sonadas
Jonny Moseley, Salt Lake City 2002: la penalización del Dinner Roll ya mencionada es el caso más icónico de la historia del freestyle. Moseley diseñó un truco nuevo, lo ejecutó correctamente, y los jueces lo penalizaron por no saber cómo evaluarlo. El resultado fue que acabó cuarto en lugar de en el podio.
Halfpipe femenino en PyeongChang 2018: varias competidoras y entrenadores protestaron las puntuaciones de la final, argumentando que las notas no reflejaban correctamente las diferencias de dificultad entre las actuaciones. La ganadora, la francesa Marie Martinod, recibió críticas de algunos sectores aunque la mayoría de expertos consideraron que el resultado era correcto.
Moguls en múltiples ediciones: la diferencia entre la puntuación de técnica y la de velocidad en moguls genera debates recurrentes. Algunos atletas argumentan que el sistema penaliza excesivamente a quien prioriza la velocidad sobre la perfección técnica.
Los esfuerzos por mejorar la objetividad
La FIS ha realizado múltiples esfuerzos en los últimos años para mejorar la coherencia y la transparencia del sistema de jueces:
Tablas de dificultad más detalladas: especialmente en aerials y moguls, las tablas que asignan coeficientes de dificultad a cada truco se actualizan regularmente para incluir los trucos más nuevos.
Formación continua de jueces: la FIS exige que los jueces certificados realicen formación periódica y actualización de criterios. Se trabaja especialmente en la homogeneización de los estándares de evaluación entre jueces de distintos países.
Mayor transparencia: en algunas competiciones se publican las puntuaciones individuales de cada juez, lo que permite identificar patrones de desviación sistemática. Esto tiene un efecto disuasorio sobre los sesgos más evidentes.
Sistemas de video: el uso de vídeo para revisar decisiones polémicas se ha ampliado en algunas disciplinas, aunque el proceso de revisión sigue siendo mucho más limitado que en otros deportes como el tenis o el fútbol.
La subjetividad como característica, no como defecto
Algunos defensores del sistema de jueces argumentan que la subjetividad no es un defecto sino una característica inherente a las disciplinas artístico-atléticas. El patinaje artístico, la gimnasia y el surf también dependen de la evaluación humana, y eso no les resta valor como deportes.
En el freestyle, la subjetividad del juicio permite que sea reconocida y valorada la creatividad, el estilo individual y la expresión artística que forman parte del alma del deporte. Un sistema puramente objetivo (¿cuántos grados giró? ¿a qué velocidad aterrizó?) podría ser más justo en términos formales pero empobrecería la riqueza del espectáculo.