En el mundo del esquí de montaña, hay carreras y hay La Pierra Menta. La prueba que se celebra cada año en el macizo de Beaufortain, en los Alpes franceses, desde 1986 tiene una dimensión mítica que ninguna otra competición del calendario puede igualar. Ganar la Pierra Menta es el mayor honor que puede alcanzar un equipo de skimo, más incluso que ganar el Campeonato del Mundo para muchos atletas.
El origen y el nombre
La Pierra Menta nació en 1986 de la iniciativa de un grupo de montañeros y alpinistas locales de la región de Beaufortain (Saboya, Francia). Querían crear una competición que honrara la tradición alpinista local y el espíritu del esquí de montaña, que en esa región se practicaba desde generaciones.
El nombre viene de una formación geológica característica del macizo: la «Pierra Menta» es una roca aguijada y oscura que se eleva sobre los pastizales de alta montaña y es el símbolo paisajístico más reconocible de la zona. Para los montañeros locales, la Pierra Menta es un punto de referencia en sus rutas de travesía, y dar su nombre a la carrera fue un homenaje a esa relación con el territorio.
El formato único: parejas mixtas
Lo que distingue a la Pierra Menta de todas las demás carreras del circuito es su formato: se disputa en parejas mixtas. Cada equipo está compuesto por un hombre y una mujer que deben completar juntos las cuatro etapas de la carrera. No puede haber equipos de dos hombres ni de dos mujeres.
Este formato fue una decisión visionaria de los fundadores. En 1986, cuando el skimo femenino era todavía una especialidad marginal, la Pierra Menta garantizó que las mujeres tuvieran presencia central en la competición más prestigiosa del calendario. También creó una dinámica de equipo única: en cada pareja, uno de los miembros suele ser algo más fuerte que el otro en algún aspecto (el hombre típicamente más potente en ascenso, la mujer a veces más técnica en el descenso), y la gestión de estas diferencias es parte de la táctica de carrera.
Las parejas deben completar cada etapa juntas: el tiempo de cada etapa se toma cuando cruza la meta el segundo miembro del equipo. Esto hace que ir demasiado separados sea una penalización implícita, y obliga a los equipos a ajustar continuamente su ritmo para mantenerse juntos.
Las etapas y el recorrido
La Pierra Menta se disputa en cuatro etapas, generalmente de miércoles a sábado, en el corazón del macizo de Beaufortain:
Etapa 1: suele ser la más larga y la que establece la clasificación provisional. Combina múltiples subidas y bajadas con un desnivel acumulado de más de 3.000 metros.
Etapa 2: similar en exigencia a la primera, con variaciones según el año. El recorrido exacto cambia ligeramente cada edición para evitar la rutina y mantener el reto para los atletas más experimentados.
Etapa 3: frecuentemente incluye los tramos más técnicos y de mayor altitud, con pasos por glaciares y terreno alpino exigente.
Etapa 4: la etapa final, que determina el campeón definitivo. La clasificación general puede cambiar en esta última jornada, lo que hace que la carrera sea competitiva hasta el final.
Los grandes ganadores de la historia
El palmarés de la Pierra Menta incluye a los mejores atletas de la historia del skimo:
Kilian Jornet (España) ha ganado la Pierra Menta en múltiples ocasiones con distintas compañeras, siendo una de sus carreras favoritas según sus propias declaraciones.
Laetitia Roux (Francia) también tiene victorias en la Pierra Menta, donde el formato en parejas le permitió combinar su capacidad individual con la dimensión del equipo.
William Bon Mardion (Francia) y Axelle Mollaret (Francia) son otros de los grandes nombres del palmarés de los últimos años.
La dimensión cultural de la Pierra Menta
La Pierra Menta no es solo una carrera: es un acontecimiento cultural para la región de Beaufortain y para la comunidad del skimo en general. Durante los cuatro días de la carrera, miles de espectadores siguen las etapas en las montañas, los pueblos del valle se llenan de atletas de todo el mundo, y el ambiente tiene la calidez y la autenticidad de las grandes pruebas de tradición que el deporte moderno ha perdido en muchos casos.
La carrera mantiene intencionadamente un espíritu amateur y solidario, aunque en ella compitan los mejores atletas del mundo: no hay controles de dopaje exhaustivos, las inscripciones están abiertas a parejas de todos los niveles (no solo a los de élite), y el ambiente es de festividad montañera más que de competición ultra-profesionalizada.