La combinada alpina es la disciplina que más claramente premia al esquiador más completo. Mientras que el descenso recompensa la valentía y la potencia, y el slalom exige la máxima precisión técnica, la combinada exige rendir bien en dos formatos opuestos dentro del mismo evento. Los tiempos de ambas mangas se suman directamente, y el esquiador que gestione mejor su nivel en ambas disciplinas se lleva el triunfo.
Durante muchos años, la combinada fue considerada el evento más prestigioso del esquí alpino. El «descenso» seguido del slalom que se disputaban en los Juegos Olímpicos históricos representaban el ideal del esquiador alpino completo. Con el tiempo, la especialización de los circuitos profesionales fue relegando la combinada: los grandes velocistas ya no entrenan suficiente técnica para competir en slalom, y los slalomistas no tienen el físico ni la temeridad para los descensos de Copa del Mundo.
En respuesta a esta tendencia, la organización adoptó la «combinada súper» —con Súper-G en lugar del descenso— para hacer el evento más accesible y seguro. Aún así, la combinada ha perdido protagonismo en el calendario de Copa del Mundo y su presencia en los Juegos Olímpicos ya no está garantizada. Sin embargo, cuando aparece, suele generar resultados sorprendentes: el factor slalom puede hacer volar por los aires la clasificación de velocidad y propiciar ganadores inesperados que reflejan precisamente la filosofía de la disciplina.