El orden de salida en esquí alpino puede parecer un detalle menor, pero tiene una influencia real en el resultado de las carreras. La condición de la pista cambia significativamente a medida que los esquiadores la recorren, por lo que salir en un número bajo (temprano) o alto (tarde) puede marcar la diferencia entre el podio y una posición mediocre.
El sistema de asignación de dorsales está diseñado para proteger a los mejores esquiadores. El ranking mundial FIS de cada disciplina determina quiénes salen primero. Los 15 mejores clasificados en el ranking de la prueba específica (descenso, súper-G, slalom gigante, slalom) salen en los primeros dorsales, compitiendo con la pista en óptimas condiciones.
En el slalom, donde la pista se deteriora más rápidamente por la cantidad de puertas y la frecuencia de los giros, esta ventaja es especialmente significativa. En el descenso, la pista es más resistente porque la velocidad es mayor y los esquiadores hacen menos giros, por lo que el efecto del orden de salida es menos pronunciado.
La segunda manga y la inversión del orden
En las pruebas de dos mangas, el reglamento de la FIS establece que los 30 mejores clasificados en la primera manga salgan en orden inverso en la segunda. El esquiador en décima posición sale el décimo por el final, y el número uno de la primera manga sale el último. Esto garantiza que el líder siente la presión y que el público vea los mejores esquiadores al final.
El dorsal 1: ¿ventaja o maldición?
Paradójicamente, salir con el dorsal 1 (el mejor del ranking) puede ser una presión añadida. El esquiador sabe que todos vendrán a mejorar su tiempo, por lo que debe gestionar esa presión mental además de la física. Algunos esquiadores prefieren salir un poco más tarde dentro del grupo de privilegio para tener referencias de tiempo de sus rivales.