El esquí alpino es el conjunto de disciplinas en las que los esquiadores descienden por una ladera de montaña sorteando una serie de puertas. No se trata de libertad total en la montaña: cada carrera tiene un recorrido definido y obligatorio. Ganar es cuestión de centésimas de segundo.
Las cinco disciplinas del esquí alpino
La Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) reconoce cinco disciplinas dentro del esquí alpino:
1. Slalom
La más técnica. Las puertas están muy juntas y el esquiador traza giros cortos y rápidos. Se disputan dos mangas y se suma el tiempo total.
2. Slalom gigante (GS)
Puertas más separadas que en slalom. Los arcos son más abiertos y la velocidad es mayor. También se disputan dos mangas.
3. Súper-G
Una sola manga. Combinación de velocidad del descenso y técnica del gigante. Las puertas son más amplias que en GS. Solo hay inspección visual del recorrido.
4. Descenso
La disciplina más rápida, con velocidades que superan los 130 km/h. Una sola manga y varios entrenamientos obligatorios previos. Es la prueba reina del esquí alpino.
5. Combinado alpino
Suma un descenso o un súper-G y un slalom. El ganador es el que tiene el menor tiempo combinado. Es la disciplina más completa, aunque ha ido perdiendo presencia en el circuito internacional.
El papel de la FIS
La Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) es el organismo que regula todas las competiciones internacionales de esquí alpino. Establece el reglamento técnico, homologa los cronómetros, aprueba los recorridos de las pistas y gestiona el sistema de puntos de la Copa del Mundo.
Las puertas: el elemento clave
Una puerta es un paso obligatorio formado por dos banderines del mismo color. El esquiador debe cruzar por el interior de la puerta: entre los dos banderines. Saltarse una puerta —o cruzar por fuera— implica descalificación inmediata.
En slalom y gigante, las puertas alternan entre rojo y azul. En súper-G y descenso, todas las puertas son del mismo color (naranja o rojo).
El cronometraje
El tiempo se mide mediante células fotoeléctricas en la línea de salida y en la de llegada, con una precisión de centésimas de segundo. Hay sensores intermedios a lo largo del recorrido que permiten ver tiempos parciales. El cronómetro se activa cuando el esquiador rompe con la espinilla el bloque de salida.