Un deporte que aprendió a golpes
La historia de la seguridad en la Fórmula 1 es, en gran parte, la historia de los accidentes que la cambiaron. Cada reforma significativa en los reglamentos técnicos y en el diseño de los circuitos ha tenido detrás, casi siempre, una tragedia que hizo insostenible mantener el statu quo.
Los primeros años del campeonato del mundo, que comenzó en 1950, se disputaron con coches sin cinturones de seguridad, sin cascos rígidos, sin barreras de protección y sin ningún protocolo médico de emergencia. Los pilotos morían con una regularidad que hoy resultaría inconcebible para un deporte que se transmite en directo por todo el mundo.
Los años 50 y 60: la edad oscura
En la primera temporada del campeonato del mundo de Fórmula 1, en 1950, los pilotos corrían con mono de tela y gorro de cuero. Los coches carecían de casi cualquier elemento de seguridad. Cuando un coche se salía de la pista, su destino dependía únicamente de qué había más allá del asfalto: hierba, grava, árboles o las propias barreras de hormigón.
Durante los años 50 y 60, la lista de pilotos fallecidos en accidentes de Fórmula 1 o en pruebas de test era aterradora. Entre los más conocidos están Alberto Ascari, que había sido bicampeón del mundo, muerto en un accidente de pruebas en Monza en 1955. Eugenio Castellotti falleció también en Monza en 1957. Peter Collins y Stuart Lewis-Evans murieron en 1958. Lorenzo Bandini en Monaco en 1967.
El accidente de Le Mans de 1955, aunque no fue en un Gran Premio de F1 sino en las 24 Horas, marcó un antes y un después en la percepción pública del automovilismo. La carrera de Pierre Levegh se estrelló contra las barreras y su coche salió disparado hacia el público, matando a más de 80 espectadores. El accidente llevó a la prohibición de las carreras de coches en varios países europeos durante años.
Jackie Stewart: el piloto que se convirtió en cruzado de la seguridad
En los años 60 y 70, un piloto escocés llamado Jackie Stewart comenzó a hablar públicamente sobre lo que sus compañeros consideraban tabú: la seguridad. Stewart no se limitaba a correr, sino que exigía a los organizadores que mejoraran las condiciones de los circuitos, que instalaran protecciones adecuadas y que tuvieran equipos médicos disponibles.
Sus compañeros le miraban con sospecha. En la cultura de la Fórmula 1 de esa época, hablar de peligro era casi un signo de cobardía. Los pilotos asumían el riesgo como parte del trato. Stewart, que sobrevivió a un grave accidente en Bélgica en 1966 en el que estuvo atrapado en su coche inundado de gasolina durante más de media hora, decidió que cambiar el deporte era más importante que guardar las apariencias.
Gracias en parte a su presión, los años 70 vieron mejoras progresivas en los circuitos, la introducción de guardarraíles más eficaces y la obligatoriedad del casco integral. Stewart ganó tres campeonatos del mundo y se retiró después de que su compañero de equipo François Cevert muriera en un accidente en Watkins Glen en 1973.
Imola 1994: el fin de semana que lo cambió todo
El Gran Premio de San Marino de 1994 en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari de Imola es el momento más oscuro de la historia reciente de la Fórmula 1. En el transcurso de un solo fin de semana murieron dos pilotos: Rubens Barrichello sobrevivió a un accidente grave en los entrenamientos del viernes. Roland Ratzenberger murió en la clasificación del sábado. Y Ayrton Senna, tres veces campeón del mundo y considerado por muchos el mejor piloto de la historia, perdió la vida en la séptima vuelta de la carrera del domingo.
El impacto fue inmenso. La Fórmula 1 llevaba años sin una muerte en carrera. La imagen de Senna, uno de los deportistas más famosos del mundo, perdiendo la vida en directo ante millones de espectadores generó una conmoción global que hizo imposible ignorar la urgencia de las reformas.
La FIA, bajo la presidencia de Max Mosley, creó el Advisory Expert Group liderado por el neurocirujano Sid Watkins, amigo personal de Senna. El grupo revisó todos los aspectos de la seguridad: el diseño de los coches, las barreras de los circuitos, los procedimientos médicos, los cascos y los sistemas de retención de la cabeza y el cuello.
El camino hacia el deporte más seguro
Las reformas de los años siguientes a 1994 transformaron la Fórmula 1 de manera radical. Los monoplazas modernos tienen estructuras de supervivencia que absorben impactos de una violencia que habría sido mortal en cualquier coche de los años 80. El halo, el arco de titanio que protege la cabeza del piloto, introducido en 2018, ya ha demostrado su valor salvando vidas en accidentes que de otro modo habrían sido fatales.
Desde la muerte de Senna en 1994, la Fórmula 1 no ha registrado ningún fallecimiento de piloto durante un Gran Premio. Esta estadística, en un deporte que durante décadas perdía entre uno y tres pilotos por temporada, representa una de las transformaciones de seguridad más notables de la historia del deporte.