Nigel Ernest James Mansell nació el 8 de agosto de 1953 en Upton-upon-Severn, Worcestershire. Su camino hacia la Fórmula 1 fue largo y sembrado de dificultades económicas y físicas: se fracturó el cuello en un accidente durante su etapa en la Fórmula 3 y tuvo que hipotecar su casa para poder seguir compitiendo. Esa tenacidad para superar los obstáculos se convertiría en la marca de identidad de una carrera extraordinaria que incluye un hito único en la historia del automovilismo.
Los inicios: la perseverancia como motor
Mansell comenzó a competir en karting en los años setenta y progresó a través de las fórmulas de acceso con grandes dificultades económicas. Llegó a la Fórmula 1 con Lotus en 1980 y pasó allí varios años aprendiendo en coches que raramente eran los más competitivos. Su velocidad era evidente, pero los resultados no llegaban por la falta de material.
El punto de inflexión llegó con su fichaje por Williams en 1985, equipo con el que comenzó a ganar grandes premios de manera regular y a luchar por campeonatos. Su capacidad para extraer el máximo de cualquier coche le valió el respeto del paddock, aunque sus primeros años en Williams estuvieron salpicados de mala suerte en los momentos decisivos.
Los años de la mala suerte: 1986 y 1987
La temporada 1986 es el mejor ejemplo de la mala fortuna que persiguió a Mansell durante años. Lideraba el Gran Premio de Australia, la última carrera del campeonato, cuando un neumático explotó a alta velocidad cuando faltaban pocas vueltas para el final. El accidente le privó del título que habría ganado. En 1987, una caída en los entrenamientos del Gran Premio de Japón le fracturó varias vértebras y le dejó fuera de los últimos grandes premios cuando lideraba el campeonato ante Nelson Piquet.
Esas frustraciones construyeron en Mansell una determinación que acabaría por dar sus frutos de la manera más contundente posible.
El dominio de 1992 con el Williams FW14B
El año 1992 fue la culminación de toda una carrera. El Williams FW14B, equipado con suspensión activa, control de tracción y una aerodinámica revolucionaria, era tecnológicamente muy superior al resto de la parrilla. Mansell aprovechó esa ventaja de manera impecable: ganó las cinco primeras carreras del campeonato, estableció el récord de nueve victorias en una sola temporada y se coronó campeón del mundo con cinco grandes premios de antelación.
Fue la primera vez que un piloto británico ganaba el campeonato del mundo desde John Surtees en 1964, y la afición inglesa lo celebró con una intensidad que hizo de Mansell un icono popular en su país.
El título en IndyCar: el récord irrepetible
Lo que diferencia a Mansell del resto de campeones de F1 es lo que hizo al año siguiente. En 1993, en lugar de defender su título en F1 —las negociaciones con Williams no llegaron a buen puerto—, cruzó el Atlántico para competir en el campeonato CART IndyCar con Newman/Haas Racing. La adaptación al óvalo y a las características específicas de los coches de IndyCar fue rápida y espectacular: Mansell ganó cinco carreras y se proclamó campeón en su primera temporada.
Nadie antes había ganado el campeonato del mundo de Fórmula 1 y el de IndyCar de forma consecutiva. Nadie lo ha conseguido después. Es un récord que, con la actual separación entre ambas competiciones, difícilmente volverá a producirse.
El legado del campeón perseverante
Mansell regresó brevemente a la Fórmula 1 en 1994 y 1995, pero sin el nivel de resultados de sus mejores años. Su legado no está en la cantidad de sus títulos, sino en la historia que hay detrás de ellos: la de un piloto que tuvo que superar lesiones, dificultades económicas y años de mala suerte para llegar a la cima y, una vez allí, conseguir un hito que nadie ha podido igualar.