Pirelli, proveedor único de neumáticos de la Fórmula 1, fabrica cada temporada una gama de compuestos diferenciados por su dureza y comportamiento. Aunque técnicamente existen cinco tipos (denominados C1, C2, C3, C4 y C5, de más duro a más blando), en cada Gran Premio solo se utilizan tres, que reciben los nombres de blando, medio y duro para simplificar la comunicación. Cada compuesto lleva una banda de color distintiva en el flanco del neumático: roja para el blando, amarilla para el medio y blanca para el duro.
El compuesto blando es el más rápido pero también el más frágil. Alcanza su temperatura óptima con rapidez y proporciona el máximo agarre, por lo que es la elección natural para la clasificación. Sin embargo, su vida útil en carrera es limitada y puede degradarse rápidamente si se fuerza. El compuesto duro, en el extremo opuesto, tarda más en calentarse y tiene menos agarre inicial, pero resiste muchas más vueltas sin perder rendimiento de forma significativa. El medio es el equilibrio entre ambos extremos y el más versátil en la mayoría de las estrategias de carrera.
El reglamento obliga a usar al menos dos compuestos distintos en cada carrera en seco, lo que introduce una variable estratégica obligatoria. Decidir qué compuesto usar en cada stint, cuándo hacer la parada y cómo gestionar la degradación es una de las partes más exigentes de la estrategia en la Fórmula 1. Condiciones climáticas cambiantes, el safety car o el estilo de conducción del piloto pueden alterar completamente el plan previsto.