El calendario de la Fórmula E ha incluido a lo largo de su historia algunas ciudades y circuitos que se han convertido en referentes del campeonato, tanto por su valor deportivo como por su atractivo visual y mediático. Mónaco es quizás la más emblemática: el Principado, símbolo del lujo y el automovilismo de élite, acoge un E-Prix en un circuito que utiliza parte del trazado histórico de la F1 pero adaptado a las características de los monoplazas eléctricos. La mezcla entre la tradición del automovilismo clásico y la tecnología más avanzada del presente tiene en Mónaco su expresión más lograda.
Roma es otro de los grandes escenarios del campeonato. El trazado urbano del EUR, barrio construido en la periferia de la capital italiana durante el régimen fascista, ofrece avenidas amplias y rectas largas —inusuales en los circuitos de Fórmula E— flanqueadas por edificios de arquitectura monumental. El resultado es un espectáculo visual impresionante que combina la velocidad de los monoplazas con uno de los fondos arquitectónicos más imponentes de cualquier carrera de motor en el mundo. El E-Prix de Roma ha producido algunas de las carreras más emocionantes de la historia del campeonato.
Ciudad de México ha sido otro pilar histórico del calendario de la Fórmula E. Disputado en el Autódromo Hermanos Rodríguez o en el circuito del Foro Sol, el E-Prix mexicano ha contado siempre con una asistencia de público masiva y un ambiente de fiesta que pocos eventos deportivos del mundo pueden igualar. Junto a estas tres joyas, otras ciudades como São Paulo, Diriyah (Arabia Saudí), Yakarta, Hong Kong o Berlín han generado momentos históricos propios y demuestran la vocación verdaderamente global de la categoría.