El fútbol americano profesional es el deporte más rentable del planeta. La NFL genera más de 18.000 millones de dólares anuales, y su evento cumbre, el Super Bowl, es algo que va muy más allá del deporte: es una institución cultural, un espectáculo mediático, un evento gastronómico y una feria publicitaria todo al mismo tiempo. Los datos que rodean a este evento son tan descomunales que resultan difíciles de asimilar.
Once minutos de juego en cuatro horas de espectáculo
Una de las estadísticas más sorprendentes del fútbol americano, que choca frontalmente con la percepción de quienes no siguen el deporte, es la cantidad de tiempo de juego efectivo que hay en un partido. Un estudio del Wall Street Journal cronometró varios partidos de la NFL y concluyó que el tiempo durante el que la pelota está realmente en movimiento es de unos 11 minutos.
El resto de las cuatro horas de emisión son configuraciones de jugadas, tiempos muertos, revisiones arbitrales, pausas para publicidad, celebraciones, lesiones y todo tipo de interrupciones. Técnicamente, esto convierte al fútbol americano en el deporte con menor ratio de acción real por tiempo de transmisión de todos los deportes de equipo mayoritarios.
Lo curioso es que esto no parece importarle a nadie. El Super Bowl genera audiencias de más de 120 millones de espectadores en Estados Unidos solo, y su seguimiento global se mide en varios cientos de millones de personas.
El negocio de los anuncios
La publicidad durante el Super Bowl es un fenómeno en sí mismo. Las marcas pagan sumas astronómicas por aparecer durante el partido, y los anuncios del Super Bowl son tan esperados que hay gente que los mira aunque no le interese el fútbol americano. Cada año, los mejores spots publicitarios generan su propio ciclo de noticias y análisis.
En 2024, el precio por 30 segundos de publicidad superó los 7 millones de dólares. Para contextualizar: la primera edición del Super Bowl en 1967 tenía anuncios a 42.000 dólares el minuto. El precio se ha multiplicado por más de cien en términos nominales.
Algunas marcas han convertido sus anuncios del Super Bowl en un arte propio. El anuncio de Apple “1984”, emitido en el Super Bowl de 1984 para presentar el Macintosh, es considerado uno de los mejores anuncios de la historia de la publicidad.
El domingo más comido del año
El Super Bowl ha generado sus propios rituales gastronómicos. El partido se juega siempre en febrero, en domingo por la tarde, lo que lo convierte en el contexto perfecto para reuniones en casa con amigos y familia. Y en Estados Unidos, las reuniones tienen su propia gastronomía específica.
Las cifras de consumo de alimentos durante el Super Bowl son extraordinarias. La Federación Nacional de Restaurantes estima que se consumen alrededor de 1.400 millones de alitas de pollo durante el partido. El aguacate, imprescindible para el guacamole, experimenta una demanda puntual que equivale al consumo de varios días normales. Las cadenas de pizza reportan que el domingo del Super Bowl es su día de mayor ventas del año.
Es el segundo día de mayor consumo de comida de todo el año en Estados Unidos, solo superado por el Día de Acción de Gracias.
El anillo de campeón y lo que vale
Los jugadores del equipo ganador del Super Bowl reciben un anillo de campeón diseñado específicamente para cada edición. No es una medalla ni un trofeo individual: es un anillo de oro con diamantes y piedras preciosas, normalmente valorado entre 30.000 y 50.000 dólares por unidad.
Los equipos grandes encargan anillos para todos sus jugadores, entrenadores, personal médico, directivos e incluso algunos empleados administrativos. Una plantilla típica de la NFL puede suponer más de cien anillos. En 2023, el anillo de los Kansas City Chiefs incluía más de 200 diamantes y costaba aproximadamente 50.000 dólares la unidad.
El trofeo oficial de la NFL, el Trofeo Vince Lombardi, es una réplica de plata de un balón de fútbol americano que mide 55 centímetros y pesa casi 3 kilos. Es el trofeo más reconocible del deporte norteamericano.