Pocos elementos de la cultura del fútbol americano son tan reconocibles internacionalmente como las cheerleaders. Esos uniformes, esas coreografías, esa energía en las bandas laterales del campo forman parte del imaginario visual del deporte americano desde hace décadas. Pero detrás de la imagen hay una historia larga, contradictoria y mucho más interesante de lo que parece.
Un origen masculino y universitario
La historia empieza con una sorpresa: el cheerleading lo inventaron los hombres. En 1898, un estudiante de la Universidad de Minnesota llamado Johnny Campbell subió a las gradas durante un partido de fútbol universitario y empezó a organizar a la multitud en cánticos coordinados. Fue el primer “cheerleader” de la historia, y durante las siguientes décadas la actividad fue predominantemente masculina en el entorno universitario.
La incorporación masiva de las mujeres llegó durante los años 20 y 30, y se aceleró con la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos hombres marcharon al frente y los equipos universitarios femeninos llenaron el vacío. Para los años 40, las mujeres eran mayoría en el cheerleading universitario. Para los 60, la imagen de las cheerleaders como símbolo del entretenimiento deportivo femenino estaba completamente consolidada.
Las Dallas Cowboys Cheerleaders y la explosión global
Si hay un equipo que convirtió a las cheerleaders en un fenómeno mundial, ese es el de las Dallas Cowboys. En 1972, el equipo rediseñó radicalmente el uniforme —shorts azules de tiro bajo, camisa blanca anudada— y amplió el papel de las cheerleaders más allá del estadio: actuaciones en televisión, portadas de revistas, películas y apariciones en el extranjero.
Su actuación en el Super Bowl X en 1976 fue vista por decenas de millones de personas y las convirtió instantáneamente en iconos. Las Dallas Cowboys Cheerleaders se convirtieron en las más famosas del mundo, y el modelo —cheerleaders profesionales con alta exigencia física, estética cuidada y presencia mediática— fue copiado por equipos de toda la NFL.
En 2024, un documental de Netflix sobre el proceso de selección de las Dallas Cowboys Cheerleaders renovó el interés global por la institución y generó debate sobre las condiciones laborales, las exigencias físicas y la evolución del papel de las animadoras en el deporte moderno.
El cheerleading competitivo: deporte de alto nivel
Lo que muchos desconocen es que el cheerleading competitivo, que poco tiene que ver con las animadoras de banda lateral, es una disciplina atlética de exigencia extrema. Las pirámides humanas, los lanzamientos acrobáticos, los tumbling (series de volteretas y acrobacias) y las coreografías sincronizadas requieren años de entrenamiento, fuerza, coordinación y valentía.
El competitive cheerleading tiene sus propias competiciones nacionales e internacionales, y el COI le concedió reconocimiento provisional en 2021 como paso previo a una posible inclusión olímpica. En muchas universidades americanas, el equipo de cheerleading competitivo entrena con la misma intensidad que cualquier equipo deportivo convencional.
Un reflejo de los cambios sociales
La historia de las cheerleaders es también un espejo de los cambios en la sociedad americana. El debate sobre sus condiciones laborales (muchos equipos de la NFL las pagaban por debajo del salario mínimo hasta hace pocos años), sobre la evolución de su papel y sobre la representación de la mujer en el deporte ha acompañado a la institución durante décadas. El hecho de que hoy algunas franquicias cuenten con hombres en sus equipos de cheerleaders —algo impensable hace treinta años— muestra que incluso esta tradición centenaria continúa evolucionando.