Johnny Unitas no fue solo un gran quarterback: fue el hombre que inventó el quarterback moderno tal como lo conocemos hoy. En una época en que el fútbol americano era un deporte de tierra y corredores, Unitas demostró que el pase podía ser el arma definitiva, y su actuación en el partido por el título de 1958 transformó para siempre la relación entre el fútbol americano y la televisión americana.
De Pittsburgh a Baltimore: la historia de una segunda oportunidad
Nacido el 7 de mayo de 1933 en Pittsburgh, Pensilvania, Unitas creció en una familia de origen lituano marcada por la pobreza y la pérdida temprana de su padre. Jugó en la pequeña Universidad de Louisville, donde sus actuaciones no generaron suficiente interés como para que los Pittsburgh Steelers le dieran una oportunidad real en el entrenamiento de 1955. Fue cortado y pasó una temporada jugando en una liga semiprofesional local.
En 1956 los Baltimore Colts le contactaron después de recibir una carta suya solicitando una prueba. Esa carta cambió la historia del fútbol americano.
El partido del siglo: 1958
En diciembre de 1958, los Baltimore Colts se enfrentaron a los New York Giants por el título de la NFL en el Yankee Stadium de Nueva York. El partido fue emitido en directo por televisión a millones de hogares. Cuando los Colts empataron en los últimos segundos de la regulación y el partido se fue a prórroga —la primera en la historia de la liga— el estadio y los espectadores en casa vivieron algo nunca visto.
Unitas condujo a los Colts en una serie de jugadas metódicas y brillantes que culminaron con un touchdown de Alan Ameche. El partido terminó 23-17. La imagen de Unitas, erguido y sereno bajo la presión, lanzando con precisión quirúrgica en el momento más importante, quedó grabada en la memoria de una generación. Se habló de ese partido como «el mejor partido de la historia del fútbol americano» y la etiqueta se ha mantenido.
Un legado de récords y títulos
Unitas ganó el campeonato de la NFL en 1958, 1959 y 1970 —este último ya con la NFL fusionada con la AFL y renombrada como Super Bowl V. Fue nombrado MVP de la liga en tres ocasiones (1959, 1964 y 1967) y seleccionado para diez Pro Bowls.
Sus 40.239 yardas por pase y 290 touchdowns eran récords absolutos en el momento de su retirada en 1973. Más importante que las cifras fue su influencia en la manera de jugar la posición: Unitas fue el primero en utilizar sistemáticamente el pase como herramienta de control del partido, en crear las bases del sistema de señales entre quarterback y receptor, y en demostrar que la frialdad en los momentos de mayor presión era una habilidad que podía cultivarse.
El quarterback como arquetipo cultural
Unitas estableció la imagen visual del quarterback que ha perdurado décadas: el casco con barra, los spikes negros, la postura erguida en el punto de lanzamiento. También estableció el estándar de la mentalidad: calma absoluta, liderazgo sin aspavientos, capacidad de tomar decisiones bajo presión en tiempo real.
Fue incluido en el Pro Football Hall of Fame en 1979 y la NFL le nombró como parte del equipo del 75 aniversario de la liga. Falleció en septiembre de 2002. Su huella en el fútbol americano moderno es tan profunda que es prácticamente invisible: todo lo que los quarterbacks actuales dan por supuesto sobre cómo jugar la posición tiene sus raíces en lo que Unitas hizo en los años cincuenta y sesenta en Baltimore.