Si hay una sola imagen que define el fútbol australiano ante el mundo y que se comparte en los vídeos virales más vistos del deporte, esa imagen es el screamer. Un jugador que, en plena carrera y con rivales a su alrededor, trepa literalmente sobre las espaldas de un defensor, se eleva a tres metros del suelo y atrapa el balón con ambas manos antes de caer al campo. La imagen es tan improbable, tan físicamente imposible en apariencia, que la primera reacción de quien la ve sin contexto es dudar de si ha sido real.
Qué es exactamente un screamer
El screamer —también llamado speccy (de spectacular), superhuman mark o mark of the century en sus versiones más extraordinarias— es una variante del mark, la acción fundamental de atrapar el balón de una patada de al menos 15 metros sin que nadie lo toque antes. La diferencia con un mark normal es que el screamer implica saltar literalmente sobre otros jugadores para llegar al balón.
En la práctica, un screamer ocurre cuando el balón viene en trayectoria alta y varios jugadores compiten por atraparlo. Uno de ellos, en lugar de simplemente saltar, busca el cuerpo de un rival entre él y el balón, pone las manos en sus hombros o espalda, y se impulsa desde ahí hacia arriba. Si el rival estaba intentando también el mark o disputando el balón, el reglamento permite esta escalada. El resultado visual es incomparable: un ser humano que parece volar sobre los demás.
La física de un screamer
Lo que hace tan extraordinario al screamer no es solo el aspecto visual: es la hazaña física que representa. Un jugador de la AFL puede llegar a esos momentos con una velocidad de carrera considerable. La combinación de esa velocidad horizontal, el impulso vertical que genera el empuje sobre el rival, la fuerza necesaria para controlar el balón a gran altura y la coordinación para no perder el equilibrio al caer es extraordinaria desde el punto de vista del rendimiento atlético.
Las estimaciones sitúan la altura máxima alcanzada en los mejores screamers en torno a los 2,5 y 3 metros sobre el suelo. Para referencias: un jugador que mide 1,90 metros de estatura puede, con un buen screamer, tener las manos a casi 5 metros del suelo. Es una imagen que en el contexto de un estadio de 90.000 personas y con las cámaras capturando el momento desde múltiples ángulos se convierte en algo absolutamente memorable.
Los screamers más famosos de la historia
La historia del fútbol australiano está llena de marks extraordinarios que han quedado grabados en la memoria colectiva australiana. Algunos de los más celebrados incluyen el screamer de Mark Lee en una final de 1979, el de Michael Tuck en 1985, o el de Nick Riewoldt en 2006. En la era moderna, jugadores como Jesse Hogan, Taylor Walker o Jake Stringer han protagonizado algunos de los screamers más vistos en redes sociales.
Pero el screamer más icónico de la historia moderna es probablemente el de Alex Jesaulenko en la Gran Final de 1970, trepando literalmente sobre la espalda de Graeme Jenkin del Carlton ante el MCG repleto. Ese mark fue elegido como el mejor de la historia en múltiples votaciones y es la imagen que aparece en cualquier retrospectiva del fútbol australiano del siglo XX.
El premio Mark del Año
La AFL reconoce oficialmente los mejores screamers de cada temporada con el premio Mark del Año, que se entrega en la gala del Brownlow Medal (la noche previa a la Gran Final). A lo largo de la temporada, los mejores marks se van seleccionando semana a semana y se presentan en programas de televisión, que los puntúan con votos del público. La lista de finalistas del Mark del Año es uno de los momentos más esperados de la gala del Brownlow.
El premio tiene una dimensión cultural que va más allá del propio deporte: cuando un screamer se produce en un partido de la AFL, los vídeos se distribuyen por redes sociales en minutos, se comentan en todos los medios deportivos australianos y se convierten en el tema de conversación del día. En un país donde el fútbol australiano es el deporte dominante, un gran screamer es un acontecimiento cultural de primer orden.
Los screamers y el peligro de la caída
La cara B de los screamers es la caída. Un jugador que se eleva a tres metros del suelo sobre las espaldas de un rival y atrapa el balón debe aterrizar de alguna manera. Las caídas de los screamers son a veces tan espectaculares como la propia marca: el jugador cae de frente, de costado o sobre la espalda, y necesita la preparación física y el entrenamiento específico para minimizar el riesgo de lesión. Las lesiones por caídas tras screamers existen, aunque los jugadores están entrenados para caer de forma controlada incluso desde alturas significativas.