La falta es la infracción más común en el fútbol y el principal mecanismo que tiene el árbitro para mantener el juego dentro del reglamento. Se produce cuando un jugador comete una acción ilegal contra un rival, ya sea por contacto físico excesivo, imprudente o deliberado. Según la naturaleza de la infracción, el árbitro señala un tiro libre directo, un tiro libre indirecto o, en caso de producirse dentro del área defensiva, un penalti.
Las faltas directas son las más habituales e incluyen acciones como la entrada con el pie por delante de forma peligrosa, el empujón, la zancadilla o el golpe. Las faltas indirectas, menos frecuentes, corresponden a infracciones técnicas como el juego peligroso sin contacto, obstruir al portero o que este agarre el balón con la mano tras un pase del compañero. En estos casos, el gol no puede marcarse directamente: el balón debe ser tocado por un segundo jugador.
La acumulación de faltas también tiene consecuencias reglamentarias en algunas competiciones. En la UEFA Champions League y en muchas ligas nacionales, acumular determinado número de faltas en una misma fase puede acarrear suspensiones por acumulación de amonestaciones. En el fútbol sala, el sistema de faltas acumuladas es especialmente relevante: a partir de la quinta falta por equipo en cada periodo, el rival ejecuta un doble penalti o tiro libre sin barrera desde una distancia reducida.