El fuera de juego es una de las reglas más antiguas y debatidas del fútbol. Su objetivo es evitar que los atacantes se sitúen permanentemente cerca de la portería rival esperando el balón sin participar en la construcción del juego. Se considera en posición de fuera de juego a todo jugador que, en el momento en que su compañero toca el balón, tiene alguna parte del cuerpo relevante (cabeza, tronco o piernas) más adelantada que el penúltimo defensor contrario.
La aplicación de esta regla cambió radicalmente con la llegada del VAR y el semiautomático offside. Actualmente, las líneas se trazan digitalmente con una precisión de centímetros, lo que ha provocado goles anulados por diferencias milimétrica entre el codo de un delantero y el tobillo de un defensor. Esta precisión ha generado debate sobre si la tecnología ha ido demasiado lejos respecto al espíritu original de la norma.
Existe una distinción importante entre fuera de juego activo y pasivo. Un jugador puede estar en posición ilegal pero no ser sancionado si no toca el balón ni interfiere en la acción de un defensor o portero. Esta interpretación requiere el criterio del árbitro y suele ser fuente de controversia. La regla se revisa periódicamente por la IFAB (International Football Association Board), organismo encargado de las leyes del juego.