El gol olímpico ocurre cuando el balón entra directamente en la portería rival desde un saque de esquina, sin ningún contacto intermedio. Es uno de los goles más infrecuentes y espectaculares del fútbol. Para lograrlo, el lanzador debe aplicar un efecto preciso (generalmente en curva hacia dentro) con la potencia y trayectoria exactas para que el balón supere la posición del portero y se introduzca en la red.
El origen del nombre es conocido y pintoresco. El 2 de octubre de 1924, el argentino Cesáreo Onzari marcó directamente desde un córner contra Uruguay en un amistoso internacional. Aquella selección uruguaya acababa de ganar el oro en los Juegos Olímpicos de París, y la prensa argentina bautizó el gol como “olímpico” con cierta ironía. La IFAB no introdujo formalmente la posibilidad de marcar de córner hasta 1924, así que el de Onzari fue prácticamente el primero legal de la historia.
Lionel Messi, Neymar o Roberto Carlos son algunos de los jugadores modernos que han marcado goles olímpicos memorables en partidos de alta relevancia. La ejecución técnica varía: algunos lanzadores buscan el primer palo con efecto interior, otros centran hacia el segundo palo confiando en que el portero quede en mala posición. En cualquier caso, el azar también juega un papel, ya que las condiciones atmosféricas (viento, lluvia) pueden influir en la trayectoria del balón y convertir un córner ordinario en un gol olímpico inesperado.