El mediapunta es uno de los roles más creativos y románticos del fútbol. Ocupa el espacio entre el centro del campo y el delantero centro, con libertad para moverse, asociarse con los compañeros y aparecer en zonas de finalización desde segunda línea. Históricamente asociado al dorsal 10, el mediapunta clásico era el organizador del juego ofensivo: el jugador que daba el último pase, sorprendía con el regate y marcaba goles decisivos en momentos cruciales.
El mediapunta exige una combinación de cualidades difícil de encontrar: visión de juego para dar el pase entre líneas, habilidad técnica para el regate en espacios reducidos, capacidad de disparo y llegada al área, y cierta resistencia para no ser una carga defensiva excesiva. Jugadores como Riquelme o Totti representaron el mediapunta más puro, con escasa presión defensiva pero con una influencia ofensiva insustituible. Zidane y Kaká añadieron a ese perfil un dinamismo y un físico que ampliaba su radio de acción.
En el fútbol moderno de alta presión, el mediapunta clásico ha evolucionado o desaparecido en muchos equipos de élite. Los sistemas de presión intensa requieren que todos los jugadores trabajen sin balón, lo que penaliza a los jugadores puramente ofensivos. En su lugar han surgido perfiles híbridos: el interior ofensivo que presiona pero crea, el falso nueve que retrocede al espacio del mediapunta, o el mediapunta que aprende a defender. Pedri del Barcelona o Isco Alarcón son ejemplos de la versión contemporánea de este rol.