El portero es la posición más singular del fútbol. A diferencia del resto de jugadores, puede tocar el balón con las manos dentro de su área, lo que le convierte en la última línea defensiva del equipo. Históricamente su papel se reducía a detener disparos y despejar balones aéreos, pero el fútbol moderno ha transformado al portero en un jugador que debe dominar también el juego con los pies, la salida a espacios abiertos y la participación activa en la construcción desde atrás.
El guardameta de élite actual combina habilidades atléticas (reflejos, salto, agilidad lateral) con habilidades técnicas y tácticas. Porteros como Manuel Neuer popularizaron el concepto de “sweeper keeper” o portero-líbero: un guardameta que actúa como un defensor adicional, avanzando fuera del área para cortar balones en profundidad. Esto requiere una lectura táctica del juego comparable a la de cualquier jugador de campo. Marc-André ter Stegen o Alisson Becker son otros representantes modernos de este perfil.
La posición de portero también tiene reglas propias que no aplican a ningún otro jugador. No puede tocar el balón con las manos fuera de su área, no puede sostenerlo más de seis segundos, no puede recoger con las manos un pase de pie de un compañero, y en un penalti debe tener al menos un pie en la línea hasta que el balón sea golpeado. Estas normas buscan equilibrar la ventaja que supone poder usar las manos y evitar que el portero ralentice el juego de forma excesiva.