La vaselina es uno de los gestos técnicos más elegantes del fútbol. Consiste en golpear el balón suavemente con la parte interior o la punta del pie para elevarlo en parábola por encima de un portero que ha salido de su línea. No se busca la potencia sino la precisión, el cálculo de la trayectoria y el tacto para que el balón caiga dentro de la portería antes de que el guardameta pueda volver a su posición. Es un disparo que combina audacia y refinamiento técnico.
La dificultad de la vaselina reside en que requiere una lectura instantánea de la posición del portero. El atacante tiene milésimas de segundo para decidir si la posición del guardameta justifica el toque suave en lugar del disparo potente. Si el portero no está suficientemente adelantado, la vaselina puede resultar demasiado fácil de detener. Si el atacante se precipita, el toque puede carecer de la precisión necesaria y el balón puede salir desviado o demasiado elevado.
En el fútbol moderno, la vaselina se ha vuelto un recurso más valorado con el análisis de datos: los porteros modernos son cada vez más agresivos al salir de su área, lo que aumenta los espacios por encima de ellos. Jugadores como Ronaldinho, Iniesta o Kevin De Bruyne han marcado vaselinas memorables que combinan la lectura táctica con la ejecución técnica impecable. En los penaltis, algunos jugadores también han utilizado la vaselina, como Antonín Panenka en la Eurocopa de 1976, aunque a ese tipo de penalti se le llama simplemente “panenka”.