La gimnasia rítmica es uno de los deportes más bellos que existen. También es uno de los que generan debates más serios sobre la salud, la presión estética y los límites de lo que se puede pedir a un cuerpo joven. La discusión sobre el “cuerpo ideal” en la gimnasia rítmica no es nueva, pero lleva décadas incomodando a un deporte que preferiría hablar de coreografías y medallas.
El físico que premia el reglamento
El reglamento técnico de la gimnasia rítmica de la FIG valora, entre otros elementos, los saltos con gran elevación, las flexiones extremas, los equilibrios sobre una pierna y las figuras de hipermovlidad que requieren una flexibilidad que la mayoría de los seres humanos adultos simplemente no tienen. Estos elementos son más fáciles de ejecutar por cuerpos que aún no han completado el desarrollo puberal: más ligeros, con una flexibilidad natural mayor y con articulaciones más laxas.
El resultado práctico de este sistema de puntuación es que la mayoría de las gimnastas de élite alcanzan su mejor nivel competitivo antes de los veinte años. Muchas se retiran antes de los veinticinco. La madurez física —los cambios que el cuerpo experimenta durante y después de la pubertad— suele ser el final de la carrera de alto rendimiento en gimnasia rítmica, no el comienzo de la madurez deportiva.
La presión del peso: un problema documentado
Diversas exgimnastas de élite han relatado en libros, entrevistas y documentales las presiones que sufrieron durante sus años de formación para mantener un peso muy por debajo de lo que cualquier médico consideraría saludable para su edad y complexión. La cantante y exgimnasta rítmica rusa Alina Kabaeva —una de las mejores de la historia— ha dado entrevistas en las que menciona las restricciones alimentarias de su etapa de entrenamiento.
Los estudios académicos sobre trastornos de la conducta alimentaria en deportes estéticos —gimnasia rítmica, nado sincronizado, patinaje artístico— muestran sistemáticamente prevalencias de anorexia y bulimia significativamente superiores a las de la población general. La cultura del deporte, en muchos casos, normaliza comportamientos que en cualquier otro contexto serían identificados como señales de alarma.
Los cambios en el reglamento y sus límites
La FIG ha realizado ajustes en el reglamento técnico en distintos momentos de la historia del deporte con el objetivo de reducir la ventaja de los elementos de hipermovlidad extrema. La introducción de coeficientes de dificultad más equilibrados, el aumento del peso de la ejecución técnica y la musicalidad, y la elevación de la edad mínima de competición internacional son pasos en la dirección correcta.
Pero los críticos —entre ellos muchas exgimnastas y profesionales de la medicina del deporte— señalan que los cambios reglamentarios son insuficientes mientras la cultura interna del deporte no cambie. La presión sobre el físico no viene solo del reglamento: viene de entrenadores, de clubes, de federaciones y de un sistema de valores estéticos que lleva décadas instalado en la gimnasia rítmica de élite.
Un debate que el deporte necesita
La discusión sobre el cuerpo ideal en la gimnasia rítmica es incómoda, pero necesaria. Los deportes que premian la delgadez extrema en cuerpos jóvenes tienen una responsabilidad especial de proteger a sus atletas. La gimnasia rítmica está en ese grupo, y el camino hacia un modelo más saludable pasa por una revisión honesta de los valores estéticos que el reglamento —y la cultura del deporte— siguen premiando.