La dificultad corporal representa el componente físico y acrobático de la gimnasia rítmica. A través de los saltos, los giros y los elementos de flexibilidad y equilibrio, las gimnastas demuestran las capacidades físicas que diferencian a este deporte de otras disciplinas artísticas. Cada uno de estos elementos tiene un valor numérico específico en el Código de Puntuación de la FIG, y la suma de todos los realizados durante la rutina constituye una parte fundamental de la nota de dificultad final.
Los saltos se evalúan principalmente por la forma que adopta el cuerpo en el momento de máxima elevación. Un salto con las piernas en split horizontal perfecto tiene más valor que un salto con las piernas en ángulo inferior a 180 grados. Los giros se valoran por el número de rotaciones completas sobre la punta del pie y por la posición de las piernas durante la rotación: una pierna extendida verticalmente, en posición de arabesca o recogida en diversas posiciones tiene diferente valor. Los elementos de flexibilidad y equilibrio se valoran por la amplitud del eje corporal y la precisión de la posición.
Lo que distingue a la dificultad corporal en gimnasia rítmica de otros deportes acrobáticos es la exigencia de que cada elemento se ejecute en combinación con la manipulación activa del aparato. Esto significa que la gymnasta no puede separar la preparación técnica corporal del trabajo con el aparato: ambos deben estar perfectamente integrados. Esta doble exigencia es precisamente la que convierte a la gimnasia rítmica en una disciplina de dificultad técnica acumulativa, donde cada componente añade complejidad al conjunto.