La nota A es la componente que mide lo que hace única a cada rutina de gimnasia rítmica más allá de su contenido técnico. Mientras la nota D puede calcularse con precisión contando elementos y sumando valores numéricos, la nota A involucra una evaluación más cualitativa que tiene en cuenta factores como la originalidad de la coreografía, la adecuación de la música, la expresividad de la gimnasta y la coherencia del conjunto. Esta dimensión artística es lo que diferencia a la gimnasia rítmica de un concurso de acrobacias con aparatos.
La relación entre la gymnasta y su aparato es uno de los criterios más valorados en la nota artística. Las mejores rutinas muestran un aparato que no parece un añadido obligatorio sino una extensión natural del movimiento corporal. Cuando la pelota rueda por el brazo mientras la gymnasta se inclina en arabesque, o cuando la cinta sigue exactamente el arco trazado por el brazo antes de separarse en el lanzamiento, se percibe una integración que va más allá de la técnica: es una relación casi coreografiada entre el objeto y el cuerpo que transmite intencionalidad artística.
La nota A ha sido objeto de debate y reforma a lo largo de la historia de la gimnasia rítmica. Las reformas recientes del Código de Puntuación han intentado objetivizar algunos criterios artísticos para reducir la subjetividad del juicio, estableciendo listas de elementos coreográficos con valor específico. Sin embargo, la naturaleza artística del deporte hace que una parte de la evaluación artística siempre dependa del criterio de las juezas, lo que genera tanto la riqueza creativa del deporte como las inevitables controversias en torno a algunas decisiones de puntuación.