La pelota ocupa un lugar especial entre los aparatos de la gimnasia rítmica porque su manipulación más exigente no depende de la fuerza ni de la velocidad, sino de la calidad del movimiento corporal. Mientras que con otros aparatos se pueden disimular deficiencias técnicas con dinamismo o potencia, la pelota exige que cada gesto sea fluido y continuo. Esta propiedad hace que los entrenadores la utilicen frecuentemente como indicador del nivel real de dominio corporal de una gimnasta, especialmente en las etapas de formación.
Las manipulaciones características de la pelota incluyen el rodado sobre diferentes partes del cuerpo —brazos, piernas, espalda, cuello— que permite crear imágenes visuales de gran belleza cuando se combinan con posturas de alta dificultad. Los lanzamientos con la pelota, aunque no tienen la altura espectacular que pueden alcanzar otros aparatos, requieren precisión en la trayectoria para que la captura sea posible en la posición corporal planificada. Las capturas más valoradas son las que se producen en posiciones extremas de flexibilidad o durante la fase de vuelo de un salto.
En las competiciones de mayor nivel, la relación entre la pelota y el cuerpo de la gimnasta debe verse como una interacción natural, casi como si el aparato fuera una extensión del movimiento. Las juezas observan si hay momentos de interrupción del flujo del movimiento —instantes en que la pelota se detiene o la gimnasta pierde el contacto visual con ella— que delaten una manipulación mecánica y poco integrada. La mejor descripción de una rutina de pelota de élite es la de una conversación fluida entre el cuerpo y el aparato.