En la frontera del deporte humano, hay un punto donde el movimiento se vuelve casi incomprensible para el ojo no entrenado. En la gimnasia en trampolín, ese punto son los elementos de doble mortal extendido con cuatro giros: dos volteos completos hacia atrás mientras el cuerpo, completamente recto, gira cuatro veces sobre su propio eje. Todo ello en unos dos segundos de vuelo sobre un trampolín reglamentario. La física lo permite, apenas. El cuerpo humano también, con décadas de entrenamiento específico.
La escalada de dificultad
Para entender por qué los elementos con cuatro giros son tan difíciles, hay que comprender cómo se construye la dificultad en el trampolín. Cada elemento acrobático tiene dos componentes que determinan su complejidad: el número de mortales (volteos sobre el eje horizontal) y el número de giros (rotaciones sobre el eje vertical).
Los saltos básicos solo tienen mortales: un mortal simple, un doble mortal. Luego se añaden giros: un giro, dos giros, tres giros. El paso de cada giro adicional requiere más velocidad angular, más potencia en el impulso y más control del momento de inercia. Cada giro extra no es solo un poco más difícil: es exponencialmente más exigente porque el atleta tiene que generar y controlar más energía rotacional en el mismo tiempo de vuelo.
La posición corporal añade otra capa de complejidad. El mismo elemento en posición extendida (cuerpo recto) es siempre más difícil que en carpado (doblado por la cadera), que a su vez es más difícil que en agrupado (rodillas al pecho). La posición extendida maximiza el radio de giro, ralentizando las rotaciones y exigiendo más energía para completarlas.
El doble mortal extendido con cuatro giros
El elemento que actualmente representa la cima de la dificultad en el trampolín individual de élite es el doble mortal extendido con cuatro giros (en la notación técnica de la FIG: 1081° de rotación total, aproximadamente). Es el elemento con el valor de dificultad más alto en el Código de Puntos para el trampolín individual.
Para ejecutarlo, el atleta necesita:
- Una altura de salto máxima: cuanto más alto salta, más tiempo tiene para completar las rotaciones. Los mejores atletas del mundo alcanzan entre 7 y 8 metros sobre el trampolín.
- Una activación instantánea de la rotación: en el momento del despegue, el atleta debe generar simultáneamente la velocidad angular de mortal y la velocidad de giro, en las proporciones exactas para completar los dos mortales y los cuatro giros antes del aterrizaje.
- Control continuo de la posición: durante todo el vuelo, el cuerpo debe mantenerse recto (o en la posición declarada). Cualquier doblez involuntario penaliza en la nota de ejecución y puede afectar también a la trayectoria del elemento.
- Un aterrizaje controlado: después de tanta rotación, el atleta debe “abrir” el cuerpo en el momento exacto para llegar a la malla en posición de aterrizaje correcta, con los pies juntos y el cuerpo erguido.
Los atletas que los ejecutan
Solo un puñado de atletas en el mundo son capaces de incluir elementos de cuatro giros en sus series de competición con la consistencia necesaria. Los mejores trampolinistas del mundo (especialmente los finalistas olímpicos y mundiales de los últimos ciclos) han incorporado progresivamente estos elementos a medida que el nivel general del deporte ha aumentado.
China ha sido el país que más atletas ha producido capaces de ejecutar los elementos de mayor dificultad con la calidad técnica que exige la competición de élite. El sistema de formación chino, con su énfasis en la calidad técnica desde edades tempranas, produce atletas que pueden ejecutar estos elementos de forma consistente, no solo ocasionalmente.
En el DMT y el tumbling
Los elementos de máxima dificultad no son exclusivos del trampolín individual. En el doble minitramp, donde el segundo vuelo es el más alto y el de mayor dificultad, los especialistas también ejecutan triples mortales con giros múltiples que rivalizan en complejidad con los elementos del trampolín individual.
En el tumbling, la dificultad tiene un límite diferente: la pista proporciona menos altura que el trampolín, pero la habilidad de encadenar varios elementos de alta dificultad de forma consecutiva es en sí misma un desafío monumental. Los mejores tumblers del mundo encadenan series de dobles mortales extendidos que, acumulados a lo largo de los 25 metros de pista, representan un nivel técnico extraordinario.
La física del límite
¿Hay un límite a la dificultad? Sí, y está determinado por la física: la altura máxima que un atleta puede alcanzar sobre el trampolín (limitada por la elasticidad del aparato y la potencia del atleta) impone un límite de tiempo de vuelo, que a su vez limita el número de rotaciones posibles. Los atletas de élite ya están muy cerca de ese límite físico, lo que hace que los incrementos de dificultad futuros sean cada vez más marginales y exigentes.