El primer 10 perfecto olímpico de la historia de la gimnasia es uno de los momentos más icónicos del deporte del siglo XX. Ocurrió el 18 de julio de 1976 en el Forum de Montreal y su protagonista fue una niña rumana de 14 años llamada Nadia Comaneci.
El contexto histórico
En los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, la gimnasia artística atrajo a millones de espectadores de todo el mundo. El sistema de puntuación vigente establecía una nota máxima de 10.0, considerada teóricamente inalcanzable: representaba la perfección absoluta, un ideal que los grandes entrenadores y teóricos del deporte pensaban que ningún ser humano podría alcanzar.
La infraestructura tecnológica de los Juegos no estaba preparada para ese momento. Los marcadores electrónicos de puntuación, programados para mostrar notas hasta 9.9, simplemente no podían mostrar el 10.0.
El momento histórico
Cuando Nadia Comaneci terminó su ejercicio en las barras asimétricas, hubo un breve silencio en el estadio mientras los jueces deliberaban. Luego apareció en el marcador la cifra “1.00”. El locutor Gordie Walker, confundido, anunció que debía de haber un error técnico, porque nadie podía haber obtenido 1.00 puntos en un ejercicio de barras.
La confusión duró apenas unos segundos. Rápidamente quedó claro que el marcador no mostraba 1.00 sino la nota imposible de representar de otra forma: 10.00. El primer 10 perfecto olímpico de la historia.
El impacto inmediato
El estadio de Montreal estalló en ovaciones. Los comentaristas de televisión de todo el mundo trataron de explicar lo que acababan de ver. Comaneci, con su característica serenidad, recogió la situación con calma.
En los días siguientes obtuvo seis 10 perfectos más (siete en total), todos en barras asimétricas y barra de equilibrio. El mundo entero habló durante semanas de la niña rumana y del número perfecto.
El legado del récord
El primer 10 perfecto olímpico tuvo un impacto que fue mucho más allá de la competición. Transformó la gimnasia en un deporte de masas con cobertura mediática global. Inspiró a una generación entera de niñas (y niños) a apuntarse a clases de gimnasia. Y, paradójicamente, contribuyó al eventual abandono del sistema de puntuación hasta 10: si la perfección se alcanzaba con regularidad, el sistema había perdido su capacidad de distinguir entre los mejores.
La placa conmemorativa del momento sigue expuesta en el Forum de Montreal, y la fecha del 18 de julio de 1976 es reconocida como uno de los días más importantes de la historia del deporte olímpico.