El bully es una de las mecánicas más características del hockey sobre patines y le da un carácter propio que lo diferencia de otros deportes de hockey. Es el equivalente al “jump ball” del baloncesto o al “face-off” del hockey sobre hielo: una forma de reanudar el juego de manera equitativa cuando ninguno de los dos equipos tiene derecho claro a la posesión del balón.
El procedimiento es ritualizado y tiene una secuencia específica. Los dos jugadores que ejecutan el bully se colocan frente a frente, con la bola en el suelo entre ellos. A la señal del árbitro, cada jugador golpea el suelo con su palo, luego golpea el palo del rival (ambos tres veces). Solo después de estos tres intercambios de palos pueden intentar jugar la bola. Este ritual garantiza que ninguno de los dos tenga ventaja de tiempo.
El bully requiere cierta habilidad técnica para ejecutarlo con ventaja. Los jugadores con reflejos más rápidos y mejor técnica de palo pueden ganar el bully más frecuentemente. Los equipos suelen designar jugadores específicos con buena técnica de bully para ejecutarlo en situaciones importantes.
Quién participa en el bully
Generalmente, el bully lo ejecutan los mismos jugadores que estaban disputando la bola en el momento de la interrupción. Sin embargo, el árbitro puede designar qué jugadores lo ejecutan, especialmente si hubo alguna irregularidad que llevó a la interrupción. Los entrenadores pueden pedir un cambio de jugador para el bully si el titular no está en condiciones óptimas.
El bully y la táctica de equipo
Mientras se prepara el bully, el resto del equipo se repositiona. Los equipos usan el tiempo de preparación del bully para organizar su posición y preparar tanto la ofensiva como la defensiva según el resultado del bully. Ganar el bully regularmente da una ventaja estadística de posesión importante a lo largo de un partido.