El campo de horseball es un recinto cerrado y relativamente compacto que, combinado con la velocidad de los caballos, genera un juego de una intensidad y un ritmo notablemente elevados. Sus dimensiones, las vallas perimetrales y la disposición de las canastas definen por completo la naturaleza táctica del deporte.
Dimensiones oficiales
El campo reglamentario de horseball mide 65 metros de largo por 25 metros de ancho. Esta superficie, aunque pueda parecer amplia para un deporte de cuatro contra cuatro, resulta bastante comprimida cuando se tiene en cuenta que los caballos pueden cubrir esos 65 metros en apenas unos segundos al galope.
La relación entre el tamaño del campo y la velocidad de los caballos hace que el horseball sea un deporte de transiciones rapidísimas: en pocos segundos, el equipo que ataca puede convertirse en el que defiende, y viceversa.
El campo cerrado: las vallas
Una de las características más distintivas del campo de horseball son las vallas perimetrales que rodean completamente el rectángulo, incluidos los fondos detrás de las canastas. Estas vallas tienen habitualmente entre 1,2 y 1,5 metros de altura y están construidas con materiales resistentes pero no peligrosos para los caballos y jinetes que puedan colisionar con ellas.
Las vallas cumplen dos funciones:
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Mantener el balón en juego: cuando el balón golpea la valla, rebota hacia el interior del campo y el juego continúa sin interrupciones. Esto hace que el horseball tenga un ritmo sostenido y pocas detenciones, similar en ese sentido al hockey sobre hielo.
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Definir los límites del campo: las vallas marcan físicamente los límites del terreno de juego, eliminando la ambigüedad sobre si el balón está dentro o fuera.
Las canastas y su posición
En cada extremo del campo se instala una canasta circular de 1,4 metros de diámetro a 3,5 metros de altura. Las canastas se posicionan centradas en la línea de fondo, a una distancia de aproximadamente 1,8 metros de la valla trasera, lo que deja espacio suficiente para que los jinetes rodeen la canasta y ataquen desde atrás.
Esta distancia es suficiente para que los jinetes puedan circular alrededor de la canasta pero no tan grande como para crear zonas muertas de juego en los fondos del campo.
El suelo del campo
La superficie del campo de horseball es uno de los aspectos más variables según la instalación:
- Arena compactada: la superficie más habitual en las instalaciones específicas de horseball. Ofrece buen agarre para los caballos y amortigua las caídas.
- Tierra batida: frecuente en instalaciones ecuestres adaptadas al horseball. Similar en comportamiento a la arena compactada.
- Hierba natural: posible pero menos habitual, ya que el desgaste de los cascos deteriora rápidamente el césped.
- Superficie sintética: en instalaciones modernas de nueva construcción, con alfombras de caucho o similares.
La calidad del suelo influye directamente en el rendimiento de los caballos: una superficie demasiado blanda dificulta el galope y la frenada, mientras que una superficie demasiado dura aumenta el riesgo de lesiones en las extremidades de los animales.
Comparación con otros deportes ecuestres
El campo de horseball (65 x 25 m) es mucho más pequeño que el de polo (274 x 182 m) pero mayor que una pista de doma olímpica (60 x 20 m). Esta escala intermedia hace al horseball más accesible que el polo en cuanto a infraestructuras, lo que explica en parte su crecimiento en instalaciones de equitación urbanas y suburbanas.