En el hurling, ganar el All-Ireland una vez es el objetivo de toda una carrera. Ganar diez es el récord de Henry Shefflin, el estándar de excelencia absoluta en el deporte más antiguo del mundo.
El camino hacia 10
Shefflin fue campeón del All-Ireland con Kilkenny en las siguientes temporadas: 2000, 2002, 2003, 2006, 2007, 2008, 2009, 2011, 2012 y en una última temporada de añadidura que completó la decena histórica. A lo largo de esas victorias, Kilkenny fue el equipo más dominante de la historia del hurling moderno, con Brian Cody como entrenador y Shefflin como pieza central.
Lo que hace especialmente notable este récord es que no fue el resultado de un solo período de dominio. Entre los nueve y el décimo All-Ireland hubo años sin título, lo que exigió a Shefflin volver siempre a los niveles más altos después de cada decepción.
La comparativa histórica
La comparativa con Christy Ring es inevitable. Ring ganó 8 All-Irelands con Cork en los años 40-50, en una era donde las condiciones eran diferentes: menos sustituciones, calendarios distintos, menor preparación atlética. Para muchos aficionados mayores, los 8 de Ring en aquella era son equivalentes o superiores a los 10 de Shefflin.
Para los aficionados más jóvenes, los 10 de Shefflin son el récord objetivo, el dato que define al mejor jugador de la historia. Es un debate que no tendrá nunca una respuesta definitiva y que enriquece el hurling irlandés.
11 All-Stars: otro récord
Además de las 10 medallas All-Ireland, Shefflin también ostenta el récord de 11 All-Stars, el premio que designa al mejor jugador en cada posición al final de cada temporada. Este dato refuerza la consistencia de Shefflin: no fue simplemente un jugador de equipo que ganó con un equipo dominante, sino que fue individualmente el mejor de la temporada en 11 ocasiones distintas.
El después
Henry Shefflin se retiró como jugador en 2015 y pasó al banquillo. Su carrera como entrenador con Galway demostró que su comprensión del hurling iba más allá de lo que podía hacer él mismo. El legado de Shefflin no está solo en los trofeos: está en la forma en que demostró que el hurling puede jugarse al máximo nivel durante más de una década, con la misma intensidad y calidad desde la primera final hasta la décima.