La reunificación del automovilismo americano de monoplazas en 2008 fue recibida como el final de una pesadilla. Doce años de guerra entre la IRL y el CART/Champ Car habían dejado al deporte en una posición de debilidad que nadie podía ignorar: audiencias fragmentadas, patrocinadores perdidos, pilotos de primera línea repartidos entre dos campeonatos mediocres y una presencia internacional casi inexistente. La fusión era necesaria, pero las cicatrices tardaron años en cerrarse.
El momento de la fusión
La fusión se anunció el 22 de febrero de 2008, semanas antes del inicio de la temporada. La Indy Racing League adquirió los activos de la Champ Car World Series en una operación que supuso efectivamente la absorción del campeonato más débil (Champ Car) por el que había logrado conservar el activo más valioso (el Indy 500 y el Indianapolis Motor Speedway).
El nuevo campeonato adoptó el nombre de IndyCar Series, aunque la organización detrás seguía siendo la IRL. Los equipos de Champ Car se incorporaron al campeonato en la temporada 2008, teniendo que adaptarse al monoplaza homologado por la IRL, el Dallara IR-05, diferente al que habían usado hasta entonces.
La temporada de transición de 2008
La temporada 2008 fue complicada por la transición técnica. Los equipos procedentes de Champ Car necesitaban tiempo para adaptarse al nuevo coche y a los ovals, una tipología de circuito que prácticamente había desaparecido del calendario de Champ Car en sus últimos años. Algunos pilotos de Champ Car que nunca habían corrido en ovals tuvieron dificultades serias en sus primeras experiencias en Indianapolis y otros circuitos de alta velocidad.
Scott Dixon, el neozelandés del equipo Chip Ganassi Racing, ganó el campeonato de ese primer año unificado, iniciando una era de dominio que lo convertiría en el piloto más exitoso de la historia moderna de IndyCar. Su consistencia y velocidad en todos los tipos de circuito lo hacían el rival más temido independientemente del formato de la carrera.
La reconstrucción
Los años inmediatamente posteriores a la reunificación fueron de reconstrucción. La serie introdujo un nuevo monoplaza en 2012 (el Dallara DW12, rebautizado posteriormente como IR-12) con un paquete aerodinámico más moderno y mayor énfasis en las posibilidades de adelantamiento. Las audiencias televisivas comenzaron a recuperarse, aunque lentamente, y el patrocinio corporativo fue regresando poco a poco.
La internacionalización fue otro objetivo prioritario: la serie fue incorporando pilotos de más países, especialmente de América Latina, Europa y Australia, lo que enriqueció el nivel del campo y aportó nuevas audiencias. Pilotos como Hélio Castroneves (Brasil), Dario Franchitti (Escocia) y posteriormente Will Power (Australia) y Simon Pagenaud (Francia) demostraron que IndyCar podía atraer talento de primer nivel mundial.
La reunificación de 2008 no fue el final del proceso de reconstrucción: fue el principio. La IndyCar Series tardó casi una década en consolidar su posición como una de las categorías de monoplazas más competitivas y espectaculares del mundo, pero las bases que se pusieron en esos primeros años unificados resultaron sólidas.