Los XXII Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi se celebraron del 7 al 23 de febrero de 2014 en la ciudad balnearia rusa del Mar Negro, en la región de Krasnodar. Fue la primera vez que Rusia organizaba unos Juegos Olímpicos de Invierno —la URSS había organizado los de Verano en Moscú 1980—, y Vladimir Putin convirtió la organización de los Juegos en una demostración de poderío nacional. Sochi 2014 estableció el récord absoluto de participación en la historia de los Juegos de Invierno —88 países y 2.873 atletas— y fue también, con diferencia, los más costosos de la historia, con una inversión oficial de 51.000 millones de dólares, mucho más que ningún otro Juegos Olímpico anterior, de invierno o de verano.
Un coste astronómico y la sombra de la corrupción
El coste descomunal de Sochi 2014 fue objeto de escrutinio desde el primer momento. La región de Krasnodar no disponía de las infraestructuras necesarias para los Juegos —Sochi es una ciudad subtropical, no alpina— por lo que fue necesario construirlo todo prácticamente desde cero: carreteras, ferrocarriles, hoteles, instalaciones deportivas, la villa olímpica. La inversión fue colosal, pero también lo fueron las denuncias de corrupción: periodistas de investigación rusos y organizaciones de transparencia documentaron sobreprecios, contratos adjudicados a empresas cercanas al Kremlin y una gestión opaca que contrastaba con las cifras oficiales.
La polémica de la ley anti-LGTBI
En junio de 2013, el gobierno ruso aprobó una ley que prohibía la «propaganda de relaciones sexuales no tradicionales» entre menores, eufemismo para la censura de la visibilidad LGTBI. La ley provocó reacciones internacionales de indignación y llamadas al boicot de los Juegos. Líderes de gobierno de varios países occidentales declinaron asistir a la ceremonia de inauguración —entre ellos Barack Obama, que envió una delegación encabezada por atletas abiertamente gays y lesbianas—. Los deportistas que llegaron a Sochi tenían claro que cualquier expresión de apoyo a la comunidad LGTBI podría tener consecuencias.
La polémica añadió una carga política a los Juegos que empañó la imagen que Rusia quería proyectar al mundo. El debate sobre los derechos humanos y el olimpismo volvió a plantearse con una intensidad que no se veía desde los Juegos de Moscú 1980.
El doping institucional: el mayor escándalo de la historia olímpica
La sombra más larga de Sochi 2014 se proyectó no durante los Juegos sino después. En 2015 y 2016, la investigación del periodista alemán Hajo Seppelt y el posterior informe McLaren encargado por la WADA revelaron la existencia de un programa estatal de doping de una envergadura sin precedentes en la historia del deporte: más de mil atletas rusos en más de 30 disciplinas habían sido beneficiados por un sistema de manipulación de las pruebas antidopaje que contaba con la participación activa del FSB, los servicios de inteligencia rusos.
El mecanismo era tan inverosímil que parecía sacado de una novela de espías: un agujero oculto en la pared del laboratorio antidopaje de Sochi permitía al FSB pasar las muestras de orina contaminada al exterior durante la noche, sustituyéndolas por orina limpia almacenada previamente en botellas que se abrían con un dispositivo especial. Los contenedores de muestras, supuestamente a prueba de manipulación, habían sido forzados mediante una técnica desarrollada específicamente para esa operación.
El escándalo sacudió los cimientos del olimpismo y llevó a la suspensión del comité olímpico ruso y a la exclusión o restricción de los atletas rusos de los Juegos siguientes.
Las actuaciones deportivas en Sochi
Entre las polémicas, Sochi 2014 acogió también actuaciones deportivas de primera línea. La noruega Marit Bjoergen volvió a dominar el esquí de fondo femenino, sumando nuevos oros a su ya impresionante palmarés. Victor An —el ex surcoreano Ahn Hyun-soo, ahora con pasaporte ruso— arrasó en el short track masculino con tres medallas de oro, convirtiéndose en uno de los grandes espectáculos de los Juegos.
En biatlón, la noruega Tora Berger fue muy destacada en la prueba individual, mientras que el noruego Emil Hegle Svendsen sumó medallas en distintas pruebas. El esloveno Tina Maze fue una de las grandes figuras del esquí alpino femenino, y el estadounidense Ted Ligety brilló en el esquí alpino masculino.
El patinaje artístico femenino estuvo marcado por la ya citada controversia entre Adelina Sotnikova —oro— y Yuna Kim —plata—, que muchos expertos y aficionados siguen considerando una de las decisiones más injustas de la historia olímpica en patinaje.
España en Sochi 2014
La delegación española en Sochi 2014 compitió principalmente en esquí alpino y snowboard, sin alcanzar el podio. El nivel del deporte de invierno español seguía siendo insuficiente para competir con las potencias invernales en los Juegos Olímpicos. La mayor ilusión española se depositó en los esquiadores alpinos, pero los resultados no acompañaron. Sochi 2014 pasó para España como un ejercicio de participación y de acumulación de experiencia olímpica, sin el brillo que el deporte estival español sí había logrado en distintas ocasiones.
Los Juegos de Sochi son hoy recordados como los Juegos de la ostentación, del escándalo y del dopaje sistémico, aunque también produjeron momentos de deporte de alto nivel que merecerían un recuerdo más limpio del que la historia les ha asignado.