En la historia del deporte, pocos ascensos son tan impresionantes como el de Irán en el kabaddi. En 1990, Irán no tenía ninguna tradición en el deporte. En 2014, tenía al mejor defensor del mundo, Fazel Atrachali, y una selección que competía de igual a igual con India en los eventos internacionales. En menos de 25 años, Irán construyó la segunda potencia mundial del kabaddi desde cero.
El punto de partida: los Juegos Asiáticos de 1990
La inclusión del kabaddi en los Juegos Asiáticos de Pekín 1990 fue el catalizador del kabaddi iraní. El Comité Olímpico Iraní decidió invertir en el deporte como una oportunidad para conseguir medallas en un evento de reciente creación donde el dominio no estaba todavía tan establecido como en otros deportes.
Los primeros equipos iraníes estaban formados principalmente por atletas convertidos: luchadores, judocas y culturistas que aprendieron las reglas del kabaddi en pocos meses y las aplicaron con las habilidades físicas que ya dominaban. Los resultados iniciales fueron modestos, pero la dirección era correcta.
La transferencia de la cultura de lucha
La clave del éxito iraní es la transferencia de habilidades desde los deportes de lucha. Irán tiene una de las tradiciones de lucha más ricas del mundo, con el varzesh-e bastani (el deporte tradicional persa, que incluye técnicas de lucha) y una larga historia de campeones mundiales y olímpicos en lucha greco-romana y lucha libre.
Los luchadores iraníes llegaron al kabaddi con habilidades que son directamente aplicables:
- Fuerza de agarre: fundamental para el tackle defensivo
- Lectura del cuerpo del rival: anticipar la dirección de movimiento del oponente
- Resistencia al forcejeo: aguantar el intento de escape del raider
- Posicionamiento corporal bajo presión: mantener el centro de gravedad bajo durante los agarres
Estas habilidades, combinadas con el talento atlético general de los deportistas iraníes, crearon una generación de defensores de kabaddi de primera línea.
Fazel Atrachali: el símbolo del kabaddi iraní
Ninguna historia del kabaddi iraní está completa sin Fazel Atrachali, apodado «El Sultán» por su dominio sobre los raiders más peligrosos del mundo. Nacido en 1993, Atrachali ha sido reconocido repetidamente como el mejor defensor de la historia del kabaddi, y su presencia en la Pro Kabaddi League —donde ha jugado para U Mumba y otros equipos— lo ha convertido en una estrella internacional.
Atrachali representa a la perfección el modelo iraní: un atleta con base en los deportes de contacto que se convirtió en el especialista defensivo más completo de la historia del deporte.
El sistema deportivo iraní
El éxito del kabaddi iraní no es un accidente: es el resultado de un sistema deportivo de alto rendimiento que Irán ha desarrollado durante décadas. La identificación de talentos, el entrenamiento centralizado en centros de alto rendimiento y el apoyo gubernamental a los deportes en los que Irán puede brillar internacionalmente son elementos clave.
El kabaddi encajó perfectamente en este sistema: un deporte donde el físico y la cultura de lucha iraní eran ventajas naturales, y donde la competencia internacional era suficientemente escasa como para que una inversión moderada pudiera producir resultados espectaculares en poco tiempo.
El impacto en el deporte iraní
El éxito del kabaddi ha tenido un impacto cultural en Irán que va más allá del deporte: ha dado visibilidad a deportistas de regiones rurales y de clase trabajadora que en otros deportes habrían tenido pocas oportunidades. En algunas provincias iraníes, el kabaddi es hoy uno de los deportes más practicados entre los jóvenes, un fenómeno impensable hace 30 años.