El karting indoor ha conseguido algo que el karting exterior nunca pudo lograr del todo: llevar el deporte al corazón de las ciudades y hacerlo accesible para cualquier persona, sin importar su experiencia previa ni su nivel de forma física. Desde los primeros kartódromos cubiertos que aparecieron en Estados Unidos en los años 80, la idea de poner un circuito de karting dentro de una nave industrial o de un centro comercial fue ganando terreno hasta convertirse en uno de los formatos de ocio activo más populares del mundo en las ciudades.
La clave del éxito del karting indoor es su accesibilidad radical. No se necesita equipamiento propio: el casco y el cuello protector los proporciona la instalación. No se necesita formación previa: los monitores explican los conceptos básicos en pocos minutos y cualquier adulto o niño con la edad mínima puede salir a pista de forma segura. No se necesita ir al extrarradio: los kartódromos indoor se instalan en polígonos industriales o incluso en el centro de las ciudades. Y no se necesita un presupuesto alto: una sesión de karting indoor es comparable en precio a otras actividades de ocio urbano.
El karting indoor ha introducido en el deporte a millones de personas que de otro modo nunca habrían descubierto la emoción de conducir un kart. Muchos de los aficionados actuales al karting de competición empezaron así, en una tarde de ocio con amigos o en un evento corporativo, y descubrieron que la conducción de precisión les apasionaba lo suficiente como para buscar un kartódromo exterior y empezar a practicar en serio. En este sentido, el karting indoor no es solo un negocio de ocio: es el mejor embajador que tiene el karting de competición para atraer nuevos practicantes y aficionados.