Si se pudiera trazar un árbol genealógico del automovilismo de primer nivel moderno, casi todas sus ramas llevarían al mismo lugar: un kartódromo. Desde que Ayrton Senna demostró en los años 80 que el pilotaje formado en el karting producía pilotos de una sensibilidad y una precisión únicas, el kartódromo se convirtió en la escuela universal de los grandes pilotos. La lista de campeones del mundo de Fórmula 1 que pasaron por el karting es prácticamente la lista completa de todos los campeones del mundo desde 1988.
Michael Schumacher empezó a conducir karts en el kartódromo de Kerpen-Manheim, gestionado por su padre, desde los 6 años. Ayrton Senna construyó con su padre un kart artesanal cuando era niño en Brasil y fue campeón del mundo de karting antes de llegar a Europa para subir categorías. Lewis Hamilton llamó la atención de Ron Dennis en una exhibición de karting cuando tenía 13 años. Fernando Alonso dominó el karting español durante años antes de que su talento lo catapultara hacia las fórmulas. Kimi Räikkönen, Sebastian Vettel, Nico Rosberg, Max Verstappen: todos tienen en el karting el capítulo inicial de su historia.
Lo que hace especialmente revelador este fenómeno es que no es una coincidencia ni una moda. El karting enseña algo que ninguna otra categoría puede transmitir con la misma eficacia: la sensibilidad al límite de adherencia, el reflejo de corrección ante el sobreviraje, la anticipación de las trayectorias en espacios reducidos y la gestión del riesgo bajo presión competitiva. Estos aprendizajes, adquiridos durante cientos de horas en el kartódromo desde la infancia, se convierten en intuiciones automáticas que los grandes pilotos aplican sin pensar conscientemente cuando se sientan en un Fórmula 1.