Una de las grandes sorpresas para quien se acerca al karting por primera vez es descubrir la velocidad real de estos aparentemente modestos vehículos. Un kart de iniciación para niños pequeños circula a 30-40 km/h, lo que es perfectamente razonable para la categoría. Pero un kart de competición adulta de las categorías más altas es un vehículo radicalmente diferente: los karts OK superan los 130 km/h en pista, y los karts KZ con cambio de marchas pueden alcanzar los 140-150 km/h en las rectas más largas de los mejores circuitos. En las categorías especiales de superkart, con motores de 250 cc de dos tiempos, las velocidades superan los 200 km/h.
Lo que hace especialmente intensas estas velocidades es el contexto en que se producen. En un coche de turismo, 140 km/h es una velocidad que se siente moderada porque el conductor está rodeado de carrocería, tiene suspensión que absorbe las irregularidades y se encuentra a unos 60-70 cm del suelo. En un kart, 140 km/h se producen a 5 cm del asfalto, sin carrocería que rodee al piloto, con un chasis rígido que transmite cada vibración al cuerpo y con una postura reclinada que pone los pies literalmente a la altura del suelo. La percepción de velocidad es completamente diferente y mucho más intensa.
La aceleración de un kart de competición también sorprende. Un kart KZ puede pasar de 0 a 100 km/h en aproximadamente 4 segundos, comparable al de un superdeportivo de calle. Esto es posible gracias a su peso extraordinariamente bajo —unos 100 kg del kart solo— y a su mecánica directa sin pérdidas por transmisiones complejas. La frenada es igualmente brusca: sin ABS, con frenos traseros solamente en las categorías monomarcha y con el peso muy bajo, los karts pueden reducir velocidad de forma sorprendente, lo que a su vez requiere que el piloto desarrolle muy buenos reflejos y una técnica de frenada muy precisa.