Si el korfbal tiene una historia, esa historia se escribió durante décadas entre dos países vecinos: los Países Bajos, donde nació el deporte, y Bélgica, donde echó raíces casi simultáneamente. La rivalidad entre ambas naciones fue el motor que impulsó el desarrollo competitivo del korfbal durante gran parte del siglo XX.
Los Países Bajos: el origen y el dominio
El korfbal es, en esencia, un invento holandés. Nico Broekhuysen era neerlandés, la primera asociación se fundó en los Países Bajos en 1903, y el país ha sido siempre el corazón organizativo, social y competitivo del deporte.
La implantación del korfbal en la sociedad holandesa es única en el mundo. Miles de clubs distribuidos por todo el país, una liga nacional con décadas de historia (el KNKV Hoofdklasse), instalaciones específicas y una cultura korfbalista que se transmite de generación en generación. Los jugadores holandeses aprenden el deporte desde niños, muchas veces en el mismo club donde jugaron sus padres.
Esta base social profunda se traduce en resultados internacionales: los Países Bajos han ganado la gran mayoría de los Campeonatos del Mundo de Korfbal celebrados desde 1978, convirtiéndose en la nación más dominante de la historia del deporte.
Bélgica: el primer vecino
El korfbal llegó a Bélgica en los primeros años del siglo XX, pocos años después de su invención en los Países Bajos. La proximidad geográfica, los vínculos culturales y educativos entre ambos países, y la presencia de comunidades holandesas en Bélgica facilitaron la adopción del nuevo deporte.
Bélgica desarrolló su propia estructura federativa, sus propias ligas y su propia selección nacional. La rivalidad con los Países Bajos fue, durante décadas, el partido más importante del calendario korfbalista internacional. Ambos países se medían en los campeonatos europeos y mundiales con un nivel de intensidad competitiva que pocas otras disciplinas podían generar.
El korfbal belga tiene su corazón en la región flamenca, donde la proximidad lingüística y cultural con los Países Bajos fue un factor importante en la expansión del deporte. El Bélgica korfbalista es esencialmente el Bélgica flamenco, aunque con presencia también en otras regiones.
El modelo competitivo que marcó una época
Durante gran parte del siglo XX, los Campeonatos de Europa de Korfbal fueron esencialmente un duelo bilateral entre Países Bajos y Bélgica. Otros países participaban, pero el nivel de diferencia era tan notable que los partidos entre ambos colosos eran los que definían los títulos.
Este modelo bilateral tenía una virtud: generaba partidos de máxima intensidad entre dos equipos que se conocían perfectamente. Pero también limitaba el desarrollo del korfbal como deporte genuinamente internacional, ya que la competición carecía de la diversidad que otros deportes ya habían logrado.
La irrupción de Asia: el equilibrio cambia
La situación empezó a transformarse cuando el korfbal se expandió a Asia en los años ochenta y noventa. Taiwán, en particular, apareció como un competidor capaz de desafiar la hegemonía europea. El modelo bilateral holandés-belga fue cediendo paso a un panorama más amplio donde también había potencias asiáticas.
Sin embargo, el dominio holandés sigue siendo la marca principal del korfbal internacional. Y el duelo histórico con Bélgica, aunque ya no es el único partido que importa en un campeonato mundial, sigue siendo el partido de máxima tradición y rivalidad de la historia del deporte.