La historia del korfbal en Asia es una de las más fascinantes del deporte internacional: un deporte de origen europeo, practicado durante décadas casi exclusivamente en dos países vecinos, que un día cruzó el mundo y encontró en Asia —y especialmente en Taiwán— la tierra donde florecería con una fuerza inesperada.
Los primeros pasos en Asia
El korfbal llegó a Asia de la mano de la IKF y de intercambios educativos y culturales entre los Países Bajos y diversos países asiáticos durante los años ochenta. La naturaleza del deporte —mixto, sin contacto, accesible, con materiales relativamente simples— lo hacía adaptable a contextos muy distintos del europeo.
Los primeros países asiáticos en organizar el korfbal de forma estructurada fueron Taiwán, Hong Kong e India. Cada uno tenía su propio contexto: Hong Kong contaba con vínculos coloniales que facilitaban el acceso a deportes de influencia occidental; India tenía una tradición de deportes de equipo colectivos; Taiwán, en cambio, apostó de forma sistemática por el korfbal como deporte de desarrollo universitario y nacional.
El modelo taiwanés: inversión y sistema
La clave del éxito del korfbal en Taiwán no fue accidental. El país apostó de forma deliberada por el desarrollo del deporte, con un modelo que incluía:
Integración en el sistema universitario: las universidades taiwanesas adoptaron el korfbal como deporte activo, lo que generó una base amplia de jugadores jóvenes con alta dedicación y nivel competitivo creciente.
Colaboración con los Países Bajos: la federación taiwanesa buscó el asesoramiento técnico de los Países Bajos desde el principio. Entrenadores holandeses visitaron Taiwán, y jugadores taiwaneses viajaron a los Países Bajos para conocer la cuna del deporte.
Competiciones nacionales estructuradas: Taiwán desarrolló una liga nacional con suficiente nivel para generar jugadores capaces de competir internacionalmente.
La irrupción en los campeonatos mundiales
Desde finales de los años noventa, la selección taiwanesa empezó a aparecer en los campeonatos mundiales de korfbal con resultados progresivamente más sorprendentes. Lo que al principio eran derrotas respetables frente a las potencias europeas se fue transformando en partidos equilibrados y victorias puntuales.
La selección taiwanesa desarrolló un estilo propio: rápido, físico dentro del límite del no contacto, con excelente trabajo de equipo y una cohesión táctica que sorprendía a rivales que habían infravalorado al país asiático.
2019: el día que cambió la historia del korfbal
El momento que redefinió la historia del korfbal llegó en el Campeonato del Mundo Indoor de 2019, celebrado en Sudáfrica. Taiwán llegó a la final y se enfrentó a los Países Bajos —el todopoderoso dominador histórico del deporte— en lo que debería haber sido una victoria cómoda para los europeos.
No fue así. Taiwán jugó el partido de su vida, con una actuación colectiva de altísimo nivel, y se proclamó campeón del mundo por primera vez en la historia. Era la primera vez que un país no europeo ganaba un Campeonato del Mundo de Korfbal. La noticia sacudió el pequeño mundo del korfbal internacional y fue celebrada en Taiwán como un hito deportivo nacional.
El impacto del triunfo taiwanés
La victoria de 2019 tuvo consecuencias importantes para el korfbal:
- Demostró que el deporte era competitivo más allá de Europa
- Aumentó el interés por el korfbal en Asia y en otras regiones del mundo
- Fortaleció la candidatura de la IKF para los Juegos Olímpicos, al poder presentar el deporte como genuinamente internacional
- Inspiró a otros países asiáticos a invertir en el korfbal
El korfbal ya no es un deporte holandés-belga con presencia internacional. Es un deporte internacional con dos polos de excelencia: Europa y Asia.