El kayfabe es el pacto de ficción sobre el que se asienta toda la lucha libre profesional. Originalmente designaba el acuerdo tácito entre los propios luchadores de mantener el secreto de que los resultados estaban predeterminados y los combates coreografiados, incluso fuera del ring, incluso con sus propias familias. Los rivales que se odiaban en pantalla debían fingir ese odio también en los hoteles y aeropuertos. Los compañeros de equipo que se traicionaban en el guión no podían que visto juntos en público. Era una conspiración de silencio que toda la industria mantenía colectivamente durante décadas.
La era de Internet y las redes sociales desmanteló el kayfabe en su forma original. Hoy cualquier adolescente puede encontrar en línea la lista de próximos campeones antes de que se anuncien oficialmente, leer las entrevistas fuera del personaje de sus luchadores favoritos o ver vídeos de backstage que muestran a heels y faces bromeando juntos. La empresa WWE comenzó a reconocer explícitamente la naturaleza de entretenimiento de su producto a finales de los años 80, cuando el promotor Vince McMahon declaró ante reguladores estatales que la lucha libre profesional era «entertainment» y no deporte real, en parte para evitar regulaciones deportivas y tasas.
Sin embargo, el kayfabe no ha muerto: ha evolucionado. En el wrestling contemporáneo, el kayfabe es una suspensión voluntaria e informada de la incredulidad por parte del espectador. El público sabe que los combates están guionizados pero elige emocionarse de verdad ante ellos, del mismo modo que el espectador de una película sabe que los actores no están en peligro real pero sufre y disfruta igualmente. Esta forma posmoderna de kayfabe, donde la audiencia es cómplice consciente de la ficción, es en muchos sentidos más sofisticada y honesta que el engaño original.