Los PPV, o Pay-Per-View Events, son los grandes hitos del calendario de la lucha libre profesional. Durante décadas fueron literalmente los eventos por los que el público pagaba una cantidad adicional para verlos en directo, en contraposición a los programas televisivos semanales gratuitos como Raw o SmackDown. Esta distinción de precio creó una jerarquía narrativa clara: los títulos no se perdían en los programas semanales, las rivalidades más importantes se resolvían en los PPV y los combates de mayor producción esperaban a estos escenarios especiales.
WrestleMania ocupa la cima de esa jerarquía. Desde su primera edición en el Madison Square Garden de Nueva York en 1985, WrestleMania ha crecido hasta convertirse en el evento de entretenimiento deportivo más importante del mundo, capaz de llenar estadios de más de 80.000 personas y generar ingresos que trascienden ampliamente el negocio de la lucha libre. El fin de semana de WrestleMania incluye hoy eventos satélite, convenciones de fans y actividades paralelas que lo convierten en una experiencia de varios días para los asistentes. Las ciudades compiten por albergar el evento como lo harían por un Super Bowl o una Copa del Mundo.
La transición del modelo PPV clásico hacia las plataformas de streaming ha cambiado la relación del público con estos grandes eventos. Lo que antes requería una decisión de compra explícita, con el umbral de compromiso que implica, ahora está incluido en una suscripción mensual de bajo coste. Esto ha democratizado el acceso pero ha alterado la percepción de exclusividad. WWE ha respondido aumentando el número de Premium Live Events anuales y elevando la producción y la espectacularidad de cada uno para mantener la sensación de evento especial que el modelo PPV clásico generaba naturalmente por su propia estructura de pago.