La caída es el resultado más concluyente posible en la lucha olímpica. Cuando un luchador consigue fijar los dos hombros de su rival en el tatami durante dos segundos, el combate termina de forma inmediata y el atacante se proclama vencedor sin necesidad de esperar el final del periodo ni consultar el marcador. Este mecanismo hace que ningún combate sea definitivamente seguro hasta que suena el pitido final, ya que una situación de peligro puede resolverse en caída en cualquier momento.
La defensa contra la caída es una disciplina técnica en sí misma dentro de la lucha. El recurso principal es el «puente» o bridge: el luchador que se encuentra con la espalda en peligro arquea la columna, apoya la cabeza y los talones en el tatami y forma un arco con el cuerpo que le impide tener los hombros planos. Desde esa posición puede intentar girar, escapar o recuperar una posición más segura. Un buen puente puede salvar un combate que parecía perdido.
En la lucha olímpica moderna, con luchadores de élite que llegan a los Juegos o a los campeonatos del mundo, la caída directa es escasa precisamente porque todos los competidores dominan la defensa con solvencia. Sin embargo, sigue siendo el horizonte táctico que guía muchas decisiones durante el combate: un atacante que ha conseguido una proyección de 4 puntos puede ver cómo el rival queda unos instantes en posición vulnerable y aprovechar ese momento para completar la caída.