La exposición es uno de los conceptos más importantes para entender la lógica táctica de la lucha olímpica. El objetivo último del deporte, por encima de acumular puntos, es conseguir la caída, es decir, poner los dos hombros del rival en el tatami. La exposición es el paso previo a ese desenlace: colocar la espalda del oponente en un ángulo peligroso que ponga en riesgo su estabilidad y lo acerque a la derrota por caída.
El árbitro observa constantemente el ángulo formado por la espalda del luchador y la horizontal del tatami. En el momento en que ese ángulo se reduce por debajo de los 90 grados, comienza a valorar la exposición. Para que sea efectiva a efectos del marcador, el luchador atacante debe mantener el control de la situación y sostener la exposición durante un segundo aproximado. Los intentos fugaces que no muestran dominio claro no se puntúan.
Desde el punto de vista estratégico, buscar la exposición en la fase de suelo es la táctica más habitual en greco-romana, donde el combate con frecuencia continúa en el tatami tras una proyección o un derribo. Los luchadores practican sistemáticamente las posiciones de defensa, conocidas como «bridge» o puente, que consisten en arquear la espalda y apoyarse en la cabeza y los talones para evitar que los hombros toquen el suelo y así escapar de la situación de peligro.