El formato de periodo único de 6 minutos en la lucha olímpica es relativamente reciente y responde a una voluntad deliberada de la federación internacional por aumentar el dinamismo de los combates. Con periodos cortos múltiples, los luchadores tendían a administrar la ventaja y el ritmo disminuía en los tramos finales. Con el periodo único, el combate fluye de forma continua y la presión temporal se mantiene durante los 6 minutos completos.
El tiempo efectivo es un detalle importante. El árbitro detiene el reloj cada vez que para la acción: cuando los luchadores salen del tatami, cuando se produce una lesión, cuando el árbitro necesita consultar con la mesa de control o cuando reinicia el combate en posiciones específicas. Esto significa que 6 minutos de tiempo efectivo pueden traducirse en 8 o 10 minutos de tiempo real en el tatami, especialmente en combates muy disputados donde se producen frecuentes interrupciones.
La gestión del tiempo durante el periodo es una habilidad táctica en sí misma. Un luchador que va perdiendo en el marcador a falta de un minuto adopta una actitud más arriesgada y agresiva, lo que puede abrirle oportunidades de proyección pero también vulnerabilidades que el rival puede aprovechar. Un luchador que va ganando tenderá a controlar más el cuerpo del rival, ralentizar el ritmo y evitar riesgos. Esta tensión táctica en los instantes finales del periodo es uno de los elementos más dramáticos de la lucha olímpica en competición.