El sistema de puntuación de la lucha olímpica está diseñado para reflejar la calidad técnica de cada acción. No todos los ataques valen lo mismo: el reglamento establece una escala que recompensa con mayor puntuación las acciones más difíciles de ejecutar y más peligrosas para el defensor. Esta gradación convierte el marcador en un reflejo directo de la superioridad técnica y atlética durante el combate.
El punto de 1 corresponde a las acciones de menor riesgo o a las sanciones al rival. Por ejemplo, cuando el árbitro declara la pasividad de un luchador, otorga un punto a su oponente. Los 2 puntos premian los derribos controlados y las proyecciones sin exposición clara. Los 4 puntos, la puntuación más alta posible en una sola acción, se reservan para los grandes lanzamientos donde el rival sale volando con la espalda expuesta hacia el tatami. Una sola proyección de 4 puntos puede cambiar el desarrollo de un combate.
La victoria técnica por diferencia de 10 puntos introduce un criterio adicional de eficiencia. Un luchador que domina con claridad a su rival puede terminar el combate antes de tiempo si acumula esa ventaja, ahorrando energía para los siguientes combates del torneo. En competiciones de alto nivel, donde los atletas disputan varios combates en el mismo día, esta economía de esfuerzo tiene importancia estratégica. El sistema de puntuación en su conjunto busca equilibrar el espectáculo con la precisión técnica.