De las colchonetas olímpicas al octógono de la UFC
La lucha deportiva ha demostrado ser, en las últimas décadas, la base técnica más valorada en la MMA (Mixed Martial Arts). Los mejores luchadores de artes marciales mixtas del mundo tienen en su gran mayoría una base sólida en lucha libre o grecorromana, y varios campeones olímpicos de lucha han encontrado en el octógono de la UFC un nuevo escenario para sus habilidades.
Henry Cejudo: de oro olímpico a doble campeón de la UFC
Henry Cejudo es el ejemplo más brillante de un atleta que hizo la transición de la lucha olímpica a la MMA. Nacido en 1987 en Los Ángeles de padres mexicanos indocumentados, Cejudo tuvo una infancia difícil marcada por la pobreza y la inestabilidad. A los 21 años, en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, ganó el oro en lucha libre en la categoría de 55 kilogramos, convirtiéndose en el campeón olímpico de lucha más joven en la historia de Estados Unidos en aquel momento.
Tras la retirada olímpica, Cejudo se aventuró en el mundo de la MMA y firmó con la UFC. Su base de lucha le permitió dominar a rivales con más experiencia en golpeo o jiu-jitsu, y llegó a la cima en dos divisiones: ganó el título de peso mosca (hasta 57 kg) y posteriormente conquistó el título de peso gallo (hasta 61 kg), siendo campeón simultáneo de ambas divisiones.
Cain Velasquez: el campeón de México
Cain Velasquez es uno de los pesos pesados más dominantes en la historia de la UFC. Aunque no fue luchador olímpico, su base en la lucha universitaria americana (NCAA Division I con Arizona State) fue la piedra angular de su estilo. Velasquez fue campeón de la UFC en peso pesado en dos ocasiones (2010-2011 y 2012-2015) y dominó a rivales de la talla de Brock Lesnar, Fabricio Werdum o Antonio Silva. Su intensidad de ataque y su control en el suelo son directamente herederos de su formación en lucha.
Daniel Cormier: de la lucha olímpica a doble campeón
Daniel Cormier participó en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 como luchador libre en la categoría de 96 kilogramos, llegando al quinto puesto. Posteriormente intentó clasificarse para los Juegos de Pekín 2008 pero una trágica pérdida familiar le impidió competir en condiciones óptimas. Tras su carrera olímpica, Cormier se convirtió en uno de los mejores luchadores de MMA de la historia, siendo campeón de la UFC en peso semipesado (93 kg) y en peso pesado (más de 93 kg), otra hazaña de doble campeón.
Ben Askren: el dominio técnico puro
Ben Askren fue dos veces campeón de la NCAA y uno de los mejores luchadores universitarios de la historia de Estados Unidos. Su estilo en la MMA era prácticamente el del wrestling universitario trasladado al octógono: dominio absoluto de las posiciones de control, capacidad para llevar el combate al suelo en cualquier momento y una defensa de strikes basada en su fundamento de lucha. Su carrera en la MMA fue controversial por lo poco vistoso de su estilo para el público, pero técnicamente era uno de los especialistas más completos.
Yoel Romero: de la plata olímpica al campeonato mundial
El cubano Yoel Romero ganó la medalla de plata en lucha libre en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 (categoría de 85 kg). Tras su carrera olímpica emigró a Estados Unidos y se dedicó a la MMA, donde llegó a ser subcampeón de la UFC en la división de peso medio (83 kg) en varias ocasiones. Su explosividad atlética, derivada en parte de su formación como luchador olímpico, es legendaria en el mundillo de las artes marciales mixtas.
Por qué la lucha es la base más valiosa
Los analistas técnicos de la MMA coinciden en que la lucha libre aporta la base más valiosa por varias razones:
- Control del combate: El luchador decide dónde se desarrolla la pelea, en pie o en el suelo.
- Resistencia a los derrumbes: La defensa de los takedowns permite al luchador mantener el combate en pie si así lo desea.
- Condición física: El entrenamiento de lucha desarrolla una resistencia anaeróbica y una fuerza funcional excepcionales.
- Dureza mental: La cultura del entrenamiento en la lucha forma atletas con una tolerancia al dolor y la incomodidad fuera de lo común.