Armin Zöggeler es, por consenso amplio entre los expertos y los propios atletas, el mejor lugeur de la historia. Nacido en Merano, en el Tirol del Sur (región de habla alemana del norte de Italia) en 1974, Zöggeler creció en un entorno natural y cultural perfectamente orientado al luge: los Alpes dolomíticos, la tradición de deportes de invierno de la región y el acceso a la pista de Anterselva, que se convertiría en uno de sus terrenos de entrenamiento habituales.
Su carrera internacional empezó a principios de los años 90, y desde el principio demostró que tenía condiciones excepcionales: no solo velocidad técnica, sino una estabilidad mental y una precisión de guía que le permitían rendir al máximo en los momentos decisivos. En los Juegos de Lillehammer 1994, con apenas 19 años, Zöggeler ganó la medalla de plata, anunciando al mundo que había un nuevo talento capaz de desafiar al dominio alemán. Cuatro años después, en Nagano 1998, sumó el bronce. Y en Salt Lake City 2002, finalmente llegó el oro: Zöggeler derrotó a los alemanes en su propio terreno, ganando la medalla más codiciada del luge olímpico. Repitió el título olímpico en los Juegos de Turín 2006, convirtiéndose en bicampeón olímpico ante su público italiano, en una de las actuaciones más emocionantes de la historia del deporte en los Juegos de Invierno.
Pero quizás lo más extraordinario de Zöggeler no son los dos oros, sino la longevidad de su rendimiento. Después de Turín, cuando la mayoría de atletas habrían comenzado a retirarse, él siguió compitiendo y ganando. En Vancouver 2010, con 35 años, ganó el bronce. Y en Sochi 2014, con 40 años, volvió a subir al podio olímpico por sexta vez consecutiva, estableciendo un récord de participaciones con medalla que probablemente nunca sea superado. Su carrera abarca seis Juegos Olímpicos, más de veinte años de competición internacional y un palmarés que resume como ningún otro la historia del luge moderno.