Felix Loch representa la nueva generación del luge alemán: llegó a los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010 con solo 20 años y se marchó con el oro, convirtiéndose de inmediato en el sucesor natural de Georg Hackl y el relevo generacional que el equipo alemán necesitaba tras la retirada de los grandes referentes de la era anterior. Nacido en Berchtesgaden en 1989, creció en el mismo entorno alpino bávaro que había producido a Hackl, y desde los primeros años en el circuito júnior demostró los ingredientes que en el luge alemán se identifican como talento de primer nivel: velocidad técnica, consistencia y capacidad de rendir en el momento decisivo.
La victoria en Vancouver 2010 fue especialmente significativa no solo por su juventud, sino porque los Juegos estuvieron marcados por la tragedia de la muerte de Nodar Kumaritashvili. Competir y ganar en ese contexto emocional tan cargado puso a prueba la madurez psicológica de Loch de una forma que pocos atletas de su edad deben afrontar. El atleta gestionó la situación con una serenidad que impresionó a los observadores y consolidó su imagen como atleta de carácter especial. En Sochi 2014 confirmó que Vancouver no había sido un accidente: ganó el segundo oro olímpico en una competición disputada ante el público del país anfitrión, con las circunstancias adicionales de presión que eso conlleva.
Su carrera ha continuado con un alto nivel de rendimiento en la Copa del Mundo y los Campeonatos del Mundo, donde ha acumulado victorias y títulos que le sitúan entre los lugeurs más laureados de su generación. La participación en posteriores Juegos Olímpicos demostró que Loch aspira a seguir la estela de longevidad de figuras como Armin Zöggeler, llevando al máximo nivel el compromiso con el deporte que parece ser una característica genética del luge alemán.